Agostino Nifo

Nació hacia 1473, probable­mente en Sessa Aurunca en Tierra de La­bor, y murió allí mismo en 1538 ó en 1545. Muy joven todavía, daba lecciones a un grupo de estudiantes a los que acompañó después a Padua para que completaran sus estudios. Allí se hizo discípulo Nifo del averroísta Nicoletto Vemia da Chieti, bajo cuya inspiración escribió su primer libro, De intellectu et daemonibus (1492), en el que, acogiendo la doctrina del intelecto único, objetivo e impersonal que Averroes había sacado de Aristóteles, negaba la in­mortalidad del alma. El libro le valió el nombramiento de profesor extraordinario, pero lo puso en conflicto con la Iglesia. Protegido, sin embargo, por el obispo de Padua, por consejo de éste se retractó de parte de las tesis mantenidas.

En 1495 era catedrático y emprendió el comentario y publicación de las obras de Averroes, donde su averroísmo aparece ya ajustado a la ortodoxia. En 1498, por temor de las gue­rras que oprimían a Italia a consecuencia de la entrada de Carlos VIII, regresó a Ses­sa y, habiéndose casado, continuó sus estu­dios aristotélicos. A continuación, invitado por Roberto Sanseverino, pasó a Salerno y allí permaneció hasta 1507. Después de una breve estancia en Nápoles como profesor, se trasladó a Roma en 1510, donde fue aco­gido con todos los honores por León X, quien le encargó de discutir con Pomponazzi; por tal razón, en 1518 publicaba Nifo el Tractatus de inmortalitate animae contra Pomponatium, gracias al cual el papa lo creó conde palatino y le concedió varios privilegios. Al año siguiente, pasó Nifo a en­señar a Pisa con el estipendio de 700 flo­rines de oro, y mientras tanto recibía nota­bles ofrecimientos de Florencia y de Bolo­nia.

En 1523 apareció una obra suya en latín, Del arte de reinar (v.), dedicada a Carlos V, que por su analogía con el Príncipe (1532, v.) hizo creer en una prioridad de Nifo sobre Maquiavelo, cuando es fácil comprobar que se trata de una traducción al latín de gran parte de la obra maestra del secretario florentino, con la adición de algunas consideraciones sobré el ideal del príncipe óptimo. En 1525, invitado por el hijo de Roberto, volvía Nifo a Salerno, donde su enseñanza obtuvo gran éxito. Enfermó durante un viaje a Sessa y allí murió. Fue sepultado en la iglesia de los Dominicos. La fama de Nifo se debe, además de los co­mentarios aristotélicos, al De pulchro et amore (1531), en el que aparece como man­tenedor de una especie de sabiduría mun­dana cuya finalidad es el placer. Tasso ti­tuló con su nombre uno de sus diálogos.

R. Fabietti