Heinrich von Morungen

Vasallo turingio perteneciente a la categoría ministerial, m. en 1222, y puede ser colocado entre los clásicos del Minnesang (v.), junto a Reinmar el Viejo, Hartmann von Aue, Walther von der Vogelweide y Neitthart von Reuenthal. El castillo de Morungen, cerca de Sangerhausen, había pasado en 1157 al do­minio del emperador Federico Barbarroja, casado el año anterior con Beatroz de Borgoña; sus moradores, por lo tanto, se con­virtieron en vasallos del soberano. Ello per­mite pensar que H. von M., poeta, paje y escudero de la corte imperial, pudiera ini­ciar allí sus relaciones con la poesía tro­vadoresca, decididamente auspiciada por Beatriz. Muerta ésta, parece haber pasado a la corte del margrave Dietrich IV de Meissen, estrechamente emparentado con el landgrave de Turingia.

Junto con aquel fue en 1197 a Palestina, y tras el prematuro regreso de Dietrich a la patria debió de llegar, en el curso de un viaje que duró hasta 1202, a la India (?) a través de Persia. En un manuscrito del siglo XVI, fun­dado, empero, en necrologías auténticas del siglo XIII, figura la anotación «Heinricus de Morungen obiit anno 1222, qui visitavit Indiam». Suele relacionarse esta alusión con un pasaje del Dialogus miraculorum de Ce­sáreo de Heisterbach y un documento de 1217, según los cuales H. von M. cedía al convento de Santo Tomás, establecido en Leipzig pocos años antes, una renta anual que el margrave había asignado a su «miles emeritus propter alta vitae suae merita»; el cenobio en cuestión podría deber su nom­bre a las reliquias de Santo Tomás traídas de la India por el poeta. Las leyendas del siglo XIII atribuyeron a H. von M. el tema del peregrino que vuelve al hogar en el pre­ciso instante de las bodas de su esposa.

Con ello, su figura y su nombre pasaron a integrar el patrimonio vivo de cantos po­pulares alemanes, gracias a la balada del noble Möringer. Las canciones de nuestro poeta (v. Poesías de amor cortés) alcanzan una elevada categoría lírica; sus treinta y tres «Töne» (en conjunto ciento diez estro­fas), caracterizados por metáforas revela­doras de un mágico mundo de ensueño, cantan en audaces imágenes y artísticas for­mas el «tätlichen grund der minne», o sea el fondo mortal del amor, y con su simbo­lismo religioso aparecen próximas al mito de Tristán. La poesía de H. von M. ejerció una gran influencia en los «Minnesänger» posteriores, entre los cuales figuran Wal­ther von der Vogelweide y Ulrich von Lich­tenstein.

K. Kurt Klein