Actas de los Primeros Mártires

[Acta Primorum Martyrum Sincera et Se­lecta]. Edición crítica de las actas genuinas de los primeros mártires cristianos, con una introducción clásica sobre el valor de las fuentes, número de mártires, causas y efectos de las persecuciones, culto de los mártires, etc., por Théodore Thierry Ruinart, benedictino francés (1657-1709), publi­cada en 1689 y reimpresa, después, nume­rosas veces con un suplemento de E. Le Blant, aparecido en 18S1. Inspirado en la obra de los bolandistas (v. Actas de los santos), para depurar la hagiografía de los escritos falsos o adulterados, Ruinart se pro­pone escoger entre la muchedumbre de le­yendas y cuentos apócrifos y ficticios sobre los primeros mártires cristianos, las relacio­nes auténticas y genuinas. Preceden al tex­to de las Actos por él reputadas genuinas, cuatro disertaciones. En la primera, estudia su origen y paternidad, e indica los crite­rios y las normas de la nueva colección, que no pretende agotar la serie de las Actas genuinas, ni por otra parte garantiza, de modo absoluto la genuinidad de las inclui­das. En la segunda, refuta la tesis del teó­logo anglicano Henry Dodwell, el cual, en una disertación publicada en 1682, De Mar­tyrum paucitate, había tratado de demos­trar que el número de mártires cristianos primitivos era inferior al que aparece en los martirologios.

En la tercera, compen­dio de la historia de las persecuciones, se oponen argumentos directos, de hecho, a los indirectos y negativos, o de presun­ción, de Dodwell: recordando en conclu­sión cómo la Iglesia, más que favorecer la ampliación de las listas de los mártires, ordenó en el Concilio in Trullo que las Actas legendarias fuesen quemadas, prohibiéndose su lectura. En la cuarta, estudia las causas de las persecuciones, entre las que se cuentan las calumnias difundidas contra los cristianos; su inhibición de las festividades públicas, sacrificios, juegos; los odios privados; la avaricia de los magis­trados; el celo de los sacerdotes idólatras, etc. Termina la introducción citando las pa­labras de San Agustín contra Fausto, el cual afirmaba que la Iglesia había sustituido los ídolos por los mártires : «Nosotros adoramos sólo a Dios que coronó a los mártires, inspirándonos junto a sus tumbas para imitarlos.» Sigue la publicación de los textos de las Actas (cerca de 125) reputadas ge­nuinas por Ruinart, completándolos con no­tas históricas y críticas. Consideradas las condiciones y las armas de que disponía la crítica histórica y literaria en el siglo XVII, en nada empaña el mérito de Ruinart, al concebir la depuración de las Actas de los Mártires (v.), y haberla ejecutado en parte, el severo juicio dado de su obra por H. Leclerq en la voz Actes des Martyrs del Dictionnaire d’Archéologie Chrétienne.

G. Pioli