Guglielmo Pepe

Nació el 13 de febrero de 1783 en Squillace y murió el 8 de agosto de 1855 en las cercanías de Turín. Pepe, después de haber asistido a la escuela militar en Nápoles, se enroló en 1790 en el ejército de la República napolitana. Desterrado des­pués del fracaso de la Revolución, y ha­biéndose dirigido a Francia, se inscribió allí en la legión italiana; volvió a Italia con el ejército de Bonaparte, combatió en Marengo, participó en las acciones contra los rebeldes toscanos y conspiró, en Nápoles, contra los Borbones; habiendo sido descu­bierto, hubo de cumplir tres años de pri­sión en las cárceles de Meretino, de las que fue libertado por los franceses cuando éstos se apoderaron del reino de Nápoles (1806). Fue elevado entonces al grado de mayor, enviado a España (1811) con el de coronel y, a su regreso a Nápoles, promo­vido al de mariscal de campo por Murat, con el que participó en la campaña de Ita­lia.

Cuando los Borbones volvieron a Ná­poles, Pepe obtuvo el mando de la tercera división; en 1820, a consecuencia de los sucesos de Nola, fue nombrado comandante supremo del Ejército napolitano. Obligado a marchar al destierro a consecuencia de la victoria austríaca (1821), se refugió en In­glaterra, desde donde, en 1830, marchó a París. Allí, al mismo tiempo que continuaba en su actividad patriótica, se entregó a los estudios y publicó, entre otras cosas, unas Memorias (v.). Volvió a Italia en 1848 y fue acogido triunfalmente en Nápoles, donde obtuvo de Fernando II el grado de gene­ral y el mando de las tropas napolitanas enviadas contra Austria; pero a petición de las tropas, se negó a obedecer las órde­nes del soberano y con los soldados que le habían quedado se dirigió a Venecia, donde el 16 de junio de 1848 fue puesto al frente del ejército de la República. A la caída de Venecia (23 de agosto de 1849), reanudó Pepe su vida de exilado refugiándose de nuevo en París, donde redactó sus Acontecimien­tos de Italia durante los años 1847, 1848 y 1849 (v.); de allí pasó a Turín, donde vivió los últimos años de su vida.

A. Cutolo