Gregorio de Naregh

Nació hacia 950, murió en Naregh alrededor de 1010. Hijo de Cosroes el Grande, fue educado desde la infancia en el célebre convento de Naregh, donde pasó toda su vida como monje pri­mero y como superior del monasterio des­pués. Murió a los sesenta años; nada más sabemos de su biografía. La leyenda le atribuye portentosos milagros: para probar su ortodoxia contra los que le acusaban de herejía, resucitó unos pichones asados; en una ocasión se le apareció la Virgen con el Niño en brazos, y al morir subió directamente a los cielos.

Canonizado por la Igle­sia armenia, su tumba fue meta de devotas peregrinaciones. Si el silencio del monasterio ha extendido un velo de discreción sobre los hechos y las circunstancias exte­riores de la vida de G., sus obras nos per­miten conocer a fondo el alma y el rico mundo interior del monje. Documento vivo y palpitante de ello lo constituyen sus Ele­gías (v.). Obra juvenil, compuesta en 977, es el Comentario al «Cántico de los Cánti­cos». Con ocasión del traslado de las reli­quias de la Santa Cruz de Constantinopla a Abaraner, efectuado en 983, escribió un panegírico y una narración histórica del acontecimiento, y otros tres panegíricos: sobre la Virgen —el mejor—, sobre los Apóstoles y sobre Santiago Nisibeno. De él son también los himnos cantados por la Iglesia armenia en las fiestas litúrgicas de Pentecostés, de la Santa Cruz, de la Vir­gen y de la consagración de una iglesia.

De otro autor del mismo nombre parece ser, en cambio, un tratado sobre la doctrina cristiana. El lenguaje, no del todo puro (al­gunos han querido ver en él influencias árabes), y los conceptos, no siempre claros, hacen de G. uno de los autores más difí­ciles de ser comprendidos, incluso por sus mismos compatriotas. Así se explica la abun­dante cosecha de comentarios explicativos a que ha dado lugar en todo tiempo la obra del más grande poeta místico armenio.

G. Bolognesi