Nació en Heizendorf junto a Odrau, en la Silesia checoslovaca el 22 de julio de 1822; murió en Brunn el 6 de enero de 1884. Procedía de una familia de campesinos y precisamente en el ambiente familiar concibió aquel amor por las plantas y sus secretos que lo acompañará siempre, aun cuando, atraído por la vocación religiosa, entró en la Orden agustiniana en el convento de Santo Tomás en Brunn. Entonces cambió su nombre de bautismo, Johann, por el de Gregor. Ordenado de sacerdote en 1847, marchó a Viena para estudiar Ciencias físicas y naturales en la Universidad. Después de su regreso al monasterio, enseñó Física y Ciencias naturales en el Colegio real de Brunn. Y en los jardines del monasterio realizó Mendel las experiencias que habían de hacerle célebre, aunque sólo después de su muerte. Estas experiencias, iniciadas en 1857 y terminadas en 1868, fueron objeto de dos publicaciones: Investigaciones sobre los híbridos en las plantas (1865, v.) y Sobre algunos híbridos de los Hieracium obtenidos con fecundación artificial [Uber einige aus künstlicher Befruchtung gewonnene Hieracium Bastarde, 1869], aparecidas en un periódico local.
En estas obras Mendel expone las tres leyes que llevan su nombre y que constituyen el fundamento de la herencia. La primera se refiere a la preponderancia hereditaria, dominante, de un carácter que es sólo aparente, es decir, solamente idéntico en apariencia a uno de los factores de su procedencia; la segunda ley es la de la separación de los caracteres, en virtud de la cual, en el cruzamiento de dos heterocigotos, se obtienen productos de tres tipos, uno semejante a uno de los progenitores, un segundo tipo semejante al otro progenitor y un tercer tipo intermedio; la tercera ley se refiere a la independencia de los caracteres, según la cual en la producción de los polihíbridos, o sea de los grupos que difieren en más caracteres, los mismos caracteres se separan unos de otros con plena independencia. Pero estos trabajos pasaron inadvertidos. Darwin ignoró su existencia, como también Nágeli, aunque mantuviera correspondencia con Mendel. Esta indiferencia impulsó a Mendel a abandonar toda actividad científica cuando, en 1868, fue elegido abad de su monasterio. Hasta 1900 no fueron redescubiertas, por Hugo de Vries y otros, las publicaciones que han dado a Mendel la fama que no tuvo en vida.
E. Baldacci

