Giuseppe Mazzini

Nació en Génova el 22 de junio de 1805, murió en Pisa el 10 de mar­zo de 1872. Espíritu inquieto, leyó asidua­mente, sobre todo a Dante y Foscolo. Pa­seando con su madre por las calles de Gé­nova, en abril de 1821, dio con un hombre barbudo que estaba postulando «por los proscritos de Italia», es decir, por los venci­dos, cuya resistencia anunciaba el próximo alzamiento de la nación oprimida y des­membrada. Desde aquel día, el adolescente Mazzini sintió que su destino quedaba indisolu­blemente unido al de su patria. Se afilió a los carbonarios y comenzó su aprendi­zaje de escritor en una hoja de noticias comerciales, l’Indicatore Genovese, que pronto fue suprimido a causa de las sospechas que inspiraba al Gobierno y a la Iglesia. Reanudó sus escritos con idénticas miras, en lIndicatore Livornese, también pronto prohibido por las mismas razones. Traicionado por el propio jefe de la secta carbonaria que le había iniciado en los «trabajos» de la asociación, fue detenido a finales de 1830 y recluido en la fortaleza de Savona, de donde salió unos meses des­pués para atravesar la frontera suiza y comenzar así su ininterrumpida carrera de exiliado y conspirador.

De Ginebra se tras­ladó a Lyon, donde se estaba preparando una expedición de patriotas emigrados para invadir Saboya; pero el gobierno de París que había surgido de la revolución del año anterior y aspiraba a la paz, cortó de raíz aquellos preparativos. Mazzini se refugió enton­ces en Córcega, desde donde un grupo de conjurados se proponía marchar a Italia central, insurreccionada poco antes contra los gobiernos de Módena, de Parma y de Roma. Antes de que pudieran reunir los medios necesarios para pasar el mar, ya había sido sofocada la rebelión por los ejércitos austríacos, y por tal razón Mazzini re­gresó a Francia, donde, en Marsella, pro­movió la asociación «Giovine Italia», cuyo único objeto era el de ayudar a la nación a conquistar su independencia. La doctrina de la «Giovine Italia» se proponía un pro­grama de educación nacional fundamental, que fascinó bien pronto a la juventud ita­liana, la cual vio en la predicación mazziniana el ardor de una fe desinteresada y ardientemente vivida, un manantial de elevadas y generosas enseñanzas. Precisa­mente por aquel tiempo, el agitador ligur se enamora de Giuditta Sidoli, viuda de un patriota desterrado, de la cual tuvo un hijo muerto en tierna edad.

Mazzini y la «Giovine Italia» preparan (1833) la revolución en el reino sardo intentando incluir en una vasta conspiración a oficiales, suboficiales y sol­dados del ejército real; pero la conspira­ción es descubierta y son muchos los dete­nidos, los condenados a pena capital. Mazzini y Garibaldi, escapados entrambos a la cap­tura, son condenados también a muerte. Desilusionado Garibaldi por las defecciones experimentadas, busca refugio más allá del Atlántico, en tanto que Mazzini persiste infle­xiblemente en la acción revolucionaria y prepara la invasión de Saboya (1834) con los desterrados italianos, polacos y alema­nes reunidos en Ginebra: la tentativa falla de nuevo, pero no por ello renuncia Mazzini a su misión regeneradora. Vive escondido en Suiza porque los gobiernos de Turín, de Viena y de París insisten cerca del «Vorort» para que Mazzini sea expulsado de la Confede­ración helvética; y la misma Suiza querría alejar de su tierra a aquel desterrado pro­vocador de desórdenes. Como desafío a la coalición de los gobiernos monárquicos, un grupo de exilados, pobres, andrajosos, per­seguidos, firma con Mazzini en Berna, y por ins­piración del italiano, el 15 de abril de 1834, el pacto solemne de una «Giovine Europa», al que Mazzini espera atraer también a Suiza, ahora dividida tras el naufragio de la re­forma constitucional proyectada en el «Pac­to Rossi».

Dos años más tarde, y después de superada una crisis profunda e íntima («la tempestad de la duda»), que le había hecho dudar de sí y de su obra, pero de la cual sale victorioso, y definitivamente rati­ficado en la certidumbre de su misión, se ve obligado a abandonar Suiza y a bus­car refugio más allá del canal de la Man­cha. En Londres, donde tarda bastante en ambientarse, vive en medio de mil dificul­tades. Pero al fin estrecha amistades, logra colaborar en revistas y diarios ingleses, continúa su obra de apóstol del Renaci­miento italiano. Funda un periódico, Apostolato pojjolare; crea una escuela en la que acoge a los jóvenes italianos refugiados en la capital inglesa; alimenta con centenares de cartas la conspiración patriótica en to­das partes de Italia. A pesar de fracasos y traiciones crecía la aversión a Austria y el deseo de reformas políticas, destinadas a apresurar la unidad nacional. Con la muer­te del papa Gregorio XVI y la elección de Pío IX da comienzo el trienio 1846-49, en el que toda Italia se ve trastornada por una profunda revolución, por la cual, desde Palermo a Venecia, desde Milán a Nápoles y a Roma, los italianos combaten por la unidad de la patria, por su independencia, por la conquista de las libertades.

Mazzini corre a Italia en el 48, predica la guerra y la revolución. Triunviro en Roma, donde se ha proclamado la República (1849), resiste hasta el último momento contra las poten­tes fuerzas enviadas por Francia y Austria para extinguir la llamarada revolucionaria. De allí vuelve otra vez al extranjero para continuar sin descanso la predicación revo­lucionaria y las tentativas insurreccionales. Ahora se ha concretado de un modo neto su doctrina dibujada desde el comienzo de su participación en el movimiento nacio­nal: su programa queda encerrado en la fór­mula «Dios y Pueblo»; la finalidad consiste en crear la nación una y libre, consciente de su propia misión en pro de la humanidad. Su conspiración no tiene un momento de tregua, aunque muchos de sus seguidores le abandonen para seguir la política de Cavour. Fracasan varios intentos revolucionarios inspirados por Mazzini Pero bien porque Garibaldi, nombre prestigioso, se pone al frente de la empresa, bien porque la guerra de 1859 ha cambiado el clima nacional, triunfan los Mil desde Marsala a Nápoles (1860), y mientras se derrumba el reino de las Dos Sicilias, nace el reino de Italia (1861). Pero la Italia soñada por Mazzini no es la reali­zada por Cavour.

Mazzini, condenado a muerte ya dos veces, vive desterrado en su patria, con pasaporte inglés y nombre extranjero, continuando la predicación místico-republi­cana, fieramente adversario del socialismo marxista, que propugna con la Internacio­nal la lucha de clases en todo el mundo y que con la Commune de París levanta la bandera de la oposición proletaria a la Ter­cera República burguesa-conservadora. Des­consolado, cansado, más viejo de la edad que en realidad tiene, muere Mazzini en la casa de Roselli-Nathan en Pisa, dejando una he­rencia de cálidos afectos y una enseñanza de carácter moral que no ha sido recor­dada en vano en tiempos recientes y en países lejanos. Los Scritti de Mazzini fueron publicados primeramente por el editor G. Daelli de Milán, en 18 volúmenes, 7 de los cuales habían sido revisados por el autor. Posteriormente, una comisión nacional cui­dó de la edición de los Scritti editi ed inediti de Mazzini (divididos en tres secciones: Política, Litteratura, Epistolario) en 48 vo­lúmenes, a loscomisión de añadirse 6 volú­menes que contendrán el Protocollo della Giovine Italia; Imola, Galeati, 1906 – 1943 (v. Cesarismo, Los deberes del hombre, Epistolario, De una literatura europea, No­tas autobiográficas, Política internacional).

C. Spellanzon