Giovanni Pontano

Nació en Cerreto, en Umbría, el 7 de mayo de 1426, y murió en Nàpoles en septiembre de 1503. Todavía niño perdió al padre y fue enviado por su madre a Perusa, donde su tío Tommaso era canci­ller de la Comuna en 1441; habiendo aban­donado Perusa en 1447, después de haber hecho completa donación de sus bienes a sus hermanas, entró al servicio de Alfonso el Magnánimo, que combatía contra los florentinos en aquel año, y marchó con él a Nápoles, donde encontró sincera ayuda y eficaz protección en el Panormita, quien lo orientó hacia una severa educación clásica; habiendo ingresado en la secretaría real obtuvo en ella buena acogida; participó en la guerra contra Venecia, terminada con la paz de Bagnolo (1484), cuyas negociaciones se debieron sobre todo a él; como, igual­mente, por mérito suyo se firmó, en 1486, el acuerdo entre el Papa y el rey Fernando.

Su vida familiar fue, entretanto, grata pri­mero y triste más tarde; quedan de ella felices ecos en la obra del poeta: en 1490 moría su mujer Adriana Sassone (en poe­sía Ariadna) con la que se había casado en 1462 y con la que pasó años de intensa felicidad; en 1498 perdió a su hijo Lucio y a su hija Lucía, de apenas trece años, después de lo cual dejó de existir también un niño habido en edad tardía. Pontano tomó parte notable en la lucha contra los barones que asolaban el país y requería soluciones urgentes. Cuando en el curso de ella cayó Antonello Petrucci, Pontano le sucedió en el alto cargo de secretario de Estado, que desem­peñó con gran dignidad. En 1492 firmó un nuevo tratado con el Papa y en los años que precedieron a la entrada de Carlos VIII en Nápoles se reveló como finísimo diplomático, agudo político y sensible intérprete de su época, especialmente al prever los infaustos sucesos que se preparaban. Su poe­sía está inspirada en las bellezas naturales, con míticas visiones clásicas y notas sen­suales (v. Sepidina y Endecasílabos).

En Del amor conyugal (v.) exalta la vida familiar y en Jambici lamenta la muerte del hijo, cuyo nacimiento había saludado en las doce Neniae como la más segura esperanza. Pero también como en las elegías amorosas y fúnebres, en el trabajado poemita Urania o De las estrellas (v.), de tema astrológico, y en el todavía más pulido De hortis hesperidum, se anima Pontano al contacto de la natu­raleza descrita humanísticamente, a veces personificada en los mitos caros a la fanta­sía de los literatos del siglo XV. Es también autor de tratados filosóficos, De prudentia, De la fortuna (v.), De sermone, y de ani­madísimos diálogos (v. Egidio, Azzio, El asno, Antonio, Caronte), en los que destacan los aspectos cómico y satírico.

G. Marinelli