Giovanni Pindemonte

Nació en Verona el 4 de diciembre de 1751 y murió en la misma ciudad el 23 de enero de 1812. Hermano ma­yor de Ippolito Pindemonte (v.), estudió en Parma en el Colegio de los Nobles, y, habiéndose trasladado a Venecia, se abrió camino rápidamente, a lo que también con­tribuyó un matrimonio ilustre, hacia los más elevados cargos: fue miembro del Con­sejo mayor; podestà de Vicenza en 1788-89 y, cuando desempeñaba este cargo, prota­gonista de un episodio amoroso que lo llevó a la cárcel. En 1788 había compuesto su primera tragedia, Las bacanales (v.), que posee aquel gusto por las acciones agitadas y escenográficas que, en diferente medida, se mantuvo constante en toda su produc­ción teatral. De vuelta a su patria, tras ocho meses de prisión en la fortaleza de Palma (1790), se entregó a una intensa actividad artístico – literaria, con predominio de las obras teatrales, inclinándose, al mismo tiem­po, hacia posiciones políticamente avanza­das que le atrajeron una admonición oficial.

En 1795 se refugió en Francia, regresando después del tratado de Campo Formio (1797) y volviendo allí de nuevo poco después; complicado por vengativa delación de una mujer en la conjuración contra Napoleón (1800), y detenido, salió de prisión a duras penas y pudo, por la benévola intervención del Primer Cónsul, regresar a Italia. Ha­biéndose establecido en Milán, fue miem­bro del Cuerpo legislativo y del Instituto Nacional; pasó en Verona los últimos años de su vida. La parte más consistente de la producción de Pindemonte está constituida por sus dramas, clasicistas por su fondo y por su estructura, pero con intromisión de elemen­tos shakesperianos y de efectos escenográ­ficos: Mastino I della Scala, I coloni di Can­día, Lucio Quinto Cincinato (v.), Ginevra de Escocia (v.), Donna Caritea regina di Spagna, etc., que se publicaron reunidos en 1804-05, con una introducción titulada Discorso sul teatro italiano, en la que Pindemonte expone su preceptiva dramática. Entre sus Poesie, muchas de las cuales son de tema político, hay que recordar el pequeño poe­ma Le ombre napoletane, «visión» fantàs­tico-evocativa de la revolución napolitana de 1799.

C. Lely