Nació en Tarento el 8 de mayo de 1740, murió en Nápoles el 5 de junio de 1816. Sus singulares aptitudes musicales indujeron a su padre, que quería encaminarlo a los estudios jurídicos, a hacerlo ingresar en 1754 en el Conservatorio de S. Onofre de Nápoles, donde fue discípulo de Durante, de Cario Contumacci y de Girolamo Abos. Cuando salió del Conservatorio, en 1763, había hecho ya algunos ensayos de música teatral, de modo que al año siguiente pudo componer las primeras óperas para los teatros de Bolonia, de Módena y de Parma. Dotado de fácil y abundante inspiración, escribió en pocos meses dos melodramas jocosos: li ciarlone e I Francesi brillanti, representados con éxito en Módena. Compuso para el teatro Rangoni de la misma ciudad Madama Vumorista y Demetrio. Pero obtuvo en Nápoles el mayor éxito de su juventud con L’idolo ciñese (1767); sin embargo, hasta Sócrates imaginario (1775, v.), con libreto del abate Lorenzi y de Ferdinando Galiani no reveló la plenitud de un estilo cómico variado y auténticamente personal.
En 1776, invitado por Catalina II de Rusia, abandonó Nápoles para establecerse en Petrogrado, donde permaneció ocho años. Entre las obras escritas durante su estancia en Rusia son dignas de recuerdo el intermezzo cómico La criada dueña (1781, v.), compuesto sobre el mismo libreto de G. M. Federico, del que se había valido ya Pergolesi, y El barbero de Sevilla (1782, v.), que pronto se convirtió en una de las óperas favoritas de los pueblos europeos, hasta que quedó oscurecida por la fama de la obra maestra de Rossini. En Petrogrado escribió Paisiello también dos Concerti para clavicordio y orquesta. Antes de regresar a Italia, hizo estancia en Varsovia y en Viena; en esta ciudad conoció a Mozart y compuso para el emperador José II doce Sinfonie y el melodrama II re Teodoro a Venezia, sobre un argumento del abate Casti. Vuelto a Nápoles, obtuvo el nombramiento de maestro de capilla y compositor del rey Fernando IV; entre 1788 y 1789 compuso dos óperas que figuran entre las mejores de su teatro cómico: La bella molinera (v.) y Nina, o la loca por amor (v.). Es peculiar de este período de madurez de Paisiello un humorismo en el que se compaginan lo cómico y lo patético, una mezcla de elementos jocosos y sentimentales del que surge brillante la humanidad y la espontaneidad de los personajes escénicos.
En el juego alterno de estos sentimientos, y valiéndose a menudo de hábiles y agradables efectos orquestales, encuentra Paisiello la entonación más feliz; pero aparte de estas expresivas gradaciones, y propiamente en el género trágico, su música tiene un timbre opaco y frío. Cuando estalló la revolución napolitana, en 1799, aceptó Paisiello diversas misiones del gobierno republicano. En 1802 fue invitado a París por Napoleón, y en esta ciudad se representó Proserpina (1803), pero con escaso éxito. Vuelto a Italia con una pensión, cuando en 1805 perdió el reino Fernando IV por haber tomado parte en la tercera coalición contra Bonaparte, Paisiello no acompañó al rey fugitivo a Sicilia, por lo que, al regreso de los Borbones en 1815, se vio privado de la pensión y de sus diversos cargos. Vivió sus últimos años en un triste aislamiento, amargado por la desgracia y por la indiferencia de los antiguos amigos, y frecuentemente angustiado por la miseria.
V. Terenzio

