Gioacchino da Fiore

Fue una de las figuras más interesantes y complejas de la espiritualidad cristiana medieval. Escasas e inciertas son las noticias sobre los prime­ros años y sobre la predicación de G., cuya vida se transformó pronto en piadosa le­yenda. Nació probablemente alrededor de 1130 en Célico. Entró en el monasterio cisterciense de Sambucina entre 1150 y 1155, pasando después a Corazzo, donde fue ele­gido abad en 1177, y a Casamari. Más tarde (1191), separándose de la Orden, fundará una nueva en Sila, en el monasterio de S. Giovanni in Fiore.

Documentos canónicos pretenden colocar la obra de G. bajo la protección pontificia. Según esta interpretación, Gioacchino habría expuesto su programa exegético al papa Lucio III, y tanto éste como sus sucesores Urbano III y Clemente III le habían pedido muchas veces que llevara a término sus comentarios de las Escrituras. Pero tales noticias, y el testamento de G., son probablemente piadosas falsificaciones nacidas después de su muerte (ocurrida en 1201), en el ámbito de la Orden joaquinita que pretendía así salvaguardar la ortodoxia de su fundador. Hay que recordar, sin em­bargo, que la condena del IV Concilio Lateranense (1215) se limitaba a la doctrina trinitaria de Gioacchino , se restringía a su tratado, hoy perdido, contra Pietro Lombardo y no dejaba de subrayar la laudable voluntad de sumisión a la Iglesia expresada por G. en su testamento, recordando, además, que la condena no se refería a la Orden fiorense; lo mismo repetirá, poco más tarde, Hono­rio III.

Y la fama de santidad del abad calabrés se mantuvo, como es sabido, largo tiempo y no sólo en su Orden. Las obras fundamentales de Gioacchino da Fiore son la Concor­dancia del Antiguo y del Nuevo Testamento (v.), la Exposición del Apocalipsis (v.), el Salterio de las diez cuerdas (v.), el Tra­tado sobre los Cuatro Evangelios (v.), el De articulis fidei (ed. E. Buonaiuti, Roma, 1936) y el Adversus Judaeos (todavía inédito); de otras obras atribuidas por la tradición al profeta de Célico, resulta difícil identi­ficar al autor.

T. Gregory