Gian Vincenzo Gravina

Nació el 16 de febrero de 1664 en Rogiano (Cosenza), murió en Roma el 6 de enero de 1718. Sus pa­dres decidieron que iniciara sus estudios en Scalea bajo la dirección de su primo Gre­gorio Calopreso, ferviente cartesiano y doc­to humanista; comunicóle éste su amor por los clásicos griegos, latinos e italianos, y lo encaminó al conocimiento de los filósofos innovadores como Descartes, Gassendi y B. Telesio.

En 1681, Calopreso lo envió a Nápoles para completar sus estudios, asignán­dole una suma anual con la que pudiera vivir decorosamente. Allí, bajo la dirección del eminente jurista Serafino Biscardi, per­feccionó G. su conocimiento de la literatura griega y latina. Un par de años después, Biscardi lo encaminó al estudio del Dere­cho; pero él prefirió siempre a las áridas Pandectas los poetas y la Biblia, libro que, junto con las obras de Homero, Platón y Ci­cerón, constituyeron sus lecturas predilectas. En 1688 se trasladó G. a Roma, donde el mundo de los doctos se reunía en tomo a Cristina de Suecia. Conoció en esta capital a las mayores personalidades de su tiempo, y supo captarse de tal modo la estimación de todos, que fue elegido para que dictara las leyes de la Arcadia (1690), de la que formó parte con el nombre de Opico Erimanteo.

En 1691, con el Seudónimo de Prisco Censorino Fotistico, hizo publicar en cin­cuenta ejemplares un opúsculo titulado Hydra Mystica, sive de corrupta morali doctrina, en el que fustiga la corrupción romana y ataca ásperamente de casuística de los jesuitas. En 1692 publicaba el Discurso sobre el «Endimione» de Alessandro Guidi (v.), que constituye un ensayo preparatorio de su mayor obra estética. De 1694 a 1698 publicó muchísimo: un Discorso sulle anti­che favole, un diálogo De lingua latina y otras obras menores, entre las cuales es digna de recuerdo una Orazione dedicada a Pedro I el Grande de Rusia. En 1699, gracias al apoyo del cardenal Albani, obtuvo una cátedra de derecho civil que, cuatro años más tarde, permutó por la de derecho ca­nónico. El más importante testimonio de su actividad docente está constituido por los Originum iuris civilis libri III. Obra muy considerable es la De la razón poética (v.), publicada en dos libros en 1708; revaloriza G. en esta obra la entonces incomprendida poesía de Dante.

Dos años después conoció al entonces muy joven Pietro Trapassi, el futuro Metastasio, y al oírlo improvisar, intuyó toda su genialidad: decidió por ello adoptarlo y encaminarlo a los estudios en los que el joven pronto dio pruebas de gran aprovechamiento. En 1711 abandonaba G. la Arcadia junto con una treintena de seguido­res y fundaba la nueva academia de los Quirini; el año siguiente publicaba las cin­co tragedias Palamede, Andromeda, Servio Tullio, Appio Claudio y Papiniano, claro testimonio de su espíritu anti jesuítico y de su fidelidad a un ideal poético muy alejado de la frivolidad arcádica. Como apéndice al Originum, publica en Nápoles, en 1713, el De romano imperio, en el cual, siguiendo las huellas del Dante, sueña con una restau­ración del Imperio. En ocasión de la muerte de Calopreso, el año siguiente se dirigía a Calabria para poner en orden la herencia que su primo le había legado.

Allí perma­neció un par de años y durante este tiempo rechazaba una cátedra de Derecho que le había sido ofrecida en Alemania y publi­caba en Nápoles el importante opúsculo De la tragedia (v.). Vuelto a Roma, aceptó, en cambio, el ofrecimiento de Víctor Amadeo de Saboya, el cual, habiendo reorganizado la Universidad de Turín, procuraba atraer con el aliciente de buenos estipendios a los más doctos profesores de Italia. Cuando se preparaba G. para marchar cayó enfermo y a poco expiraba asistido por su hijo adoptivo.

. Fabietti