George Moore

Novelista y poeta irlan­dés, nació en Moore Hall, Ballyglass (County Mayo) el 24 de febrero de 1852; murió en Londres el 21 de enero de 1933. Pasó una indisciplinada infancia en la hacienda pa­terna y aprendió más de los mozos de cuadra que de los maestros de la escuela; fue enviado con su hermano al Oscott College de Birmingham, del que fue expulsado por pereza; no entró en la Universidad, y ape­nas llegó a la mayoría de edad se dirigió a París a estudiar pintura y asistió a la célebre Académie Julián (donde aprendió a entender los misterios del color, pero no a pintar) y a la tertulia de escritores y artistas impresionistas que se reunía en el café Nouvelle Athènes de Montmartre, entusiasmándose sobre todo con Manet, Degas y Corot, que fueron para siempre sus ídolos en pintura, como Pater, Balzac y Turguenev lo fueron en literatura. En el estudio de Manet conoció a Zola, y a través de éste a E. Goncourt, la obra del cual, junto con la de su hermano, tanta influencia había de ejercer sobre él.

Pero la primera influencia literaria que experimentó fue la de Baude­laire, ya que, en 1877, publicaba Moore una colección de poesías con el característico título de Flowers of Passion; en 1881 se aventuró sin más a escribir en francés la primera versión de sus confesiones (v. Con­fesiones de un joven). Pero el destino de poeta menor no satisfacía las ambiciones de Moore; en 1885 apareció como novelista con A Mummer’s Wife, relación naturalista hecha a ejemplo de Zola; en A Drama in Muslin (1886) adoptó la técnica del simbolismo francés; en A Mere Accident (1887) presen­taba en forma superficial el primer perso­naje inglés modelado según el Des Esseintes (v.) de Huysmans (v. Al revés); en Mike Fletcher (1889) mostraba haber asimilado la parte más llamativa de la filosofía de Schopenhauer, entonces en boga; en fin, en las Confesiones daba un documento típico del decadentismo. A fuerza de imitar a uno y otro, acabó por encontrar su camino; con la novela Esther Waters (1894, v.), aun si­guiendo el esquema naturalista al narrar un lastimoso episodio bastante gris, logró superar un modelo como Germinia Lacerteux (v.) de los Goncourt, y trazó un cua­dro bien estructurado y poético de un sec­tor popular de la vida inglesa.

En Evelyn Innes (1898, v.) daba Moore un «pendant» in­glés del Piacere (v.) de D’Annunzio, con helenismo esteticista a lo Gautier, música de Wagner y seudomisticismo; decididamen­te mística quiso ser la siguiente, Sister Te­resa (1901), en la que asistimos a la entrada en el claustro de Evelyn. En esta novela sigue las huellas de En ruta (v.) de Huys­mans; en el Torrente de Kerith (1916, v.) se inspiró en Vida de Jesús (v.) de Renan. La guerra boer y la crueldad de los campos de concentración de Kitchener hicieron abo­rrecer a Moore la vida inglesa; en 1901 volvió a Irlanda y durante los diez años de su etapa irlandesa se asoció con W. B. Yeats, J. M. Synge, lady Gregory, Edward Martyn y los demás escritores representativos del Renacimiento celta: durante un cierto tiem­po fue entusiasta defensor del teatro irlan­dés. The Untilled Field (1903) es una co­lección de cuentos de la vida irlandesa a la manera de Turguenev; The Lake (1905), historia de la evasión de un joven sacer­dote de la «prisión del catolicismo» en­cubre la insatisfacción del autor por la religión de sus padres.

Moore se convirtió al protestantismo, pero fue un converso mo­lesto para la Iglesia de Irlanda. En 1911 volvió a Inglaterra, y describió sus relacio­nes con los escritores irlandeses, sus entu­siasmos y sus desilusiones en la trilogía autobiográfica Salutación y despedida (1911, 1912, 1914, v.), donde se mezclan realidad y fantasía en un libro extremadamente cambiante y malévolo. Sus Memoirs of my Dead Life (1906, v. Memorias de mi vida pasada) se inspiran en el Journal de los Goncourt, pero aquí, en vez de la sordidez burguesa de los autores franceses, hallamos una malicia de naturaleza aristocrática, audaz, nada pedantesca y siempre sazona­da de exuberancia irlandesa. En la misma vena siguió en Avowals (1919) y Conversations in Ebury Street (1924), llamada así del nombre de la calle que habitaba en Lon­dres. Junto con la trilogía autobiográfica, escribió Moore un drama, The Apostle (1911), que contenía el germen de Torrente Kerith: marchó a Palestina para conocer «de visu» el fondo del episodio que intentaba narrar. En Heloise and Abélard (1921) llevó a la perfección el método de la narración oral; lo mismo aquí que en Torrente Kerith se advierte la influencia de Pater, de quien deriva también la prosa sinuosa y cautivadora, característica de la madurez de Moore Torrente de Kerith fue convertido en drama en The Passing of the Essenes; para el teatro escribió también The Corning of Gabrielle (1923) y The Making of an Immortal (1926), en la que Shakespeare es tratado con poco respeto.

Su última obra, Afrodita en Aulide (1930, v.), fue redactada varias veces y se resiente de la influencia de la antigua novela griega, sobre todo en el estilo. La obra de Moore es producto de una serie de experimentos, sus afirmaciones son la resultante de una serie de contradiccio­nes; el genio fue para él — como ha obser­vado agudamente un crítico —, fruto de una larga impaciencia.

M. Praz