George Eliot

Nació el 22 de noviembre de 1819 en Arbury Farm (Warwickshire) y murió en Chelsea (Londres) el 22 de diciembre de 1880. Su verdadero nombre fue Mary Ann Evans Cross. Educada en tres buenos «colleges» provincianos, en el segundo de éstos, en el de Nunetown, trabó estrecha amistad con una de las profesoras, que for­taleció en ella el rigor evangélico, reflejado en sus primeros versos, de inspiración reli­giosa.

A los dieciséis años abandonó la es­cuela y, casados sus hermanos y hermanas, quedó sola con su padre en el hogar, donde se ocupó de la administración del patrimonio y estudió latín, griego, alemán e italiano. Gran importancia para la orientación de su vida tuvo una permanencia en Coventry.

Allí se relacionó con el matrimonio Bray y su pariente Hennell, autor de una obra de crítica histórica sobre los orígenes del cristianismo; los tres lograron socavar sus convicciones religiosas y llevarla al ateísmo racionalista. Con intransigente honradez dejó todas las prácticas religiosas; de esta suerte trastornó a su padre, quien incluso no quiso seguir viviendo ni reconciliarse con ella hasta haber recibido la promesa de una reflexión acerca de sus decisiones.

Sin embargo, nada cambió en realidad y la joven empezó a traducir la famosa Vida de Jesús (v.) de D. F. Strauss, publicada anó­nima en 1846. Tras la muerte de su proge­nitor (1849), quien le había dejado sólo una pequeña renta, marchó al continente y es­tuvo durante algunos meses en Génova. Vuelta a Inglaterra, vivía con los Bray y trabajaba en una traducción, jamás lle­vada a término, de Spinoza, cuando John Chapman ofrecióle ingresar en la redacción de la Westminster Review, de tendencia po­sitivista y radical y en la que Eliot colaboró activamente de 1851 a 1854; mientras tanto, tradujo La esencia del cristianismo (v.) de Feuerbach, que publicó en 1854 y fue la única obra aparecida con su verdadero nombre.

Conoció a H. Spencer y posible­mente se enamoró de él, pero sin que le correspondiera. Por su mediación se relacio­nó con George Henry Lewes, brillante pe­riodista con el cual empezó a unirse en 1854 por un vínculo que persistió hasta la muerte y ambos consideraron siempre como un ma­trimonio, aun cuando aquél, ya casado y con hijos, no pudiera dar estado legal a esta unión, que les valió el ostracismo de la sociedad victoriana.

Lewes alentóla a es­cribir y le escogió el seudónimo bajo el cual se conoce a nuestra autora. Escenas de la vida clerical (v.), obra aparecida en for­ma de esbozos realistas en el Blackwood Magazine (1857), reveló sus dotes de narra­dora seria y reflexiva, ajena al relato ameno y pintoresco e inclinada a hacer de la novela una crítica de la vida, y su orien­tación (en la tradición de Wordsworth) ha­cia el estudio de las existencias mediocres y triviales y de los conflictos de conciencia de los humildes.

En Adam Bede (v.), y a pesar del elemento melodramático, queda intensificada la indagación psicológica en el análisis de personajes extraviados, pero sus­ceptibles de arrepentimiento y compunción. Siguieron luego El molino junto al Floss (v.), inspirada en los recuerdos de su infan­cia, pasada en las propiedades paternas y junto a su hermano Isaac, por quien sentía un vivo afecto, y Silas Marner (v.), en la que aparece, en su contraste de luces y som­bras, la compleja figura de un hombre in­quietado por la culpa y redimido gracias a un noble afecto. Predomina asimismo el interés moral en Romola (v.), novela histó­rica publicada por entregas en el Cornhill Magazine y para la cual se había prepa­rado Eliot con dos viajes a Italia, realizados en 1860 y 1861.

Luego de este intento poco feliz, la autora volvió al ambiente más fa­miliar de la Inglaterra moderna con Félix Tolt, el radical (v.) y Middlemarch (v.), esta última, por la realista descripción del marco y de los caracteres, posiblemente su mejor novela. Menos lograda, en su parte opuesta al antisemitismo, es la que se titula Daniel Deronda (v.). Un argumento semejante sobre la devoción a la propia raza inspira el poema dramático The spanish gipsy (1878).

Muerto Lewes en este año, Eliot contrajo matrimonio con un amigo íntimo, el banquero cuarentón John W. Cross, quien encargóse después de la publicación de sus cartas y diarios. Llegada algo tarde a la novela, después de una formación intelectual profunda, la escritora tiende con frecuencia al tono didáctico y moralizador; sin embar­go, la agudeza de observación, el humor y él «pathos» que alternan en sus páginas y, singularmente, un fondo ético afín a los de James y Tolstoi, sitúan a Eliot en la vanguar­dia de la novela moderna y la llevan a in­fluir notablemente en Marcel Proust.

G. Mei