fray Antonio de Guevara

Escritor y político español. Oriundo de las Asturias de Santillana (Treceño?) y de noble fami­lia, la fecha de su nacimiento es incierta (1480?); murió en Mondoñedo en 1545. Niño aún pasó a la Corte, quizás como paje del príncipe Juan, junto con el cual fue edu­cado, y tuvo posiblemente por maestro a Pedro Mártir d’Anghiera. Su juventud fue mundana y más bien desordenada; pero después de la muerte del príncipe (1497) y de la reina Isabel la Católica (1504), in­gresó en la Orden franciscana, en la que desempeñó cargos importantes. Pronto al­canzó gran fama como orador sagrado. Con­sejero del Gran Capitán (1512), su celebri­dad llevóle, hacia 1521, al cargo de predi­cador de Carlos I, y más tarde (1527) al de cronista real. Intervino activamente en las guerras de las Comunidades de Castilla al lado del soberano, y juzgó a los comu­neros como gentes movidas sólo por el inte­rés personal. Sus servicios al César fueron recompensados además con los cargos de inquisidor de Toledo y de Valencia (1525), obispo de Guadix (1528) y luego de Mon­doñedo (1539).

Acompañó al emperador en la desgraciada jomada de Túnez y en sus viajes por Italia, y asistió a la entrevista del emperador con Francisco I (1538). Poco después de 1528, compuso el discurso que pronunció el soberano en Madrid para anun­ciar a la corte su decisión de marchar a Italia a recibir del Papa la corona imperial y tratar de la convocación del Concilio ge­neral. Siendo obispo de Mondoñedo, donde estableció una imprenta, murió en su sede; fue enterrado en un convento de Vallado- lid y su retrato se conserva hoy en el Museo de esta ciudad. La obra más impor­tante y difundida de G. es el Reloj de prín­cipes (1529, v.), conocida también por Libro áureo del emperador Marco Aurelio. Dio G. esta novela histórica como traducción de un supuesto manuscrito antiguo; el autor nos dice que con esta obra intenta «hacer un Relox de Príncipes por el cual se guiase todo el pueblo cristiano». Según ha demos­trado Menéndez Pidal, su doctrina influyó grandemente en la idea imperial de Car­los I, que prevaleció sobre los consejos de su canciller y más tarde cardenal italiano Mercurino Gattinara. G. posee la habilidad de mezclar la historia y la leyenda, los fru­tos de sus lecturas con las invenciones de su fantasía.

En el Reloj se descubren hue­llas de los Apotegmas y tratados morales de Plutarco, de Diógenes Laercio, de Vale­rio Máximo y de la compilación conocida en castellano con el nombre de Crónica de las fazañas de los filósofos. El éxito del Re­loj de príncipes puede compararse al del Amadís o La Celestina. Muy pronto se difun­dió en copias manuscritas y en ediciones fraudulentas, y luego en múltiples reimpre­siones, y se tradujo a las principales len­guas europeas. Fue utilizado por Brantóme y por La Fontaine y figuraba en la biblio­teca del padre de Montaigne. En Inglaterra ‘inició la influencia española junto con una adaptación fragmentaria de La Celestina. Menosprecio de corte y alabanza de aldea (1539) es un breve tratado de moral mun­dana, en la que se contraponen las venta­jas e inconvenientes de la vida cortesana y la del campo.

Las Epístolas familiares (1539 y 1545), van dirigidas a diversos per­sonajes y tratan de los más variados asun­tos: noticias, reglas, curiosidades, historias y leyendas. Otras obras de G. son Década de los Césares {v.), adaptación de Dión Ca­sio, Suetonio y Plutarco; el Aviso de pri­vados y doctrina de cortesanos, obra poco original, notable tan sólo por los frecuen­tes rasgos satíricos; el Monte Calvario y el Oratorio de religiosos son tratados de pie­dad. El estilo de G. es ampuloso en los dis­cursos y agudo y picante en las cartas, cuya prosa, algo recargada de retruécanos y reiteraciones, resulta con frecuencia de gusto discutible.           *