Ferenc Herczeg

Nació en Versee (prov. de Temes, actualmente en Yugoslavia) el 22 de septiembre de 1863, en una familia de ori­gen alemán, y murió en Budapest el 25 de fe­brero de 1954. Al realizar los estudios de segunda enseñanza con los escolapios de Szeged (1876-78) empezó «a pensar en hún­garo», sobre todo bajo la influencia de las lecturas de Mór Jókai (v.), decisivas tam­bién para la formación de su conciencia nacional. Estudió Derecho en Budapest, y publicó sus primeros escritos a los veintitrés años en Pesti Hírlap. El éxito de la novela Arriba y abajo [Fenn és lenn, 1890], le me­reció el ingreso en la Sociedad Petófi, y las deliciosas historias de Las muchachas Gyurkovics [Gy. lányok, 1893] y del drama La hija del nabab de Dolova [A dolovai nábob leánya, 1893] acrecentaron rápidamente su fama, a cuya difusión contribuyó mucho el semanario Ùj Idök, fundado por H. en 1894 y durante más de treinta años órgano lite­rario predilecto de la clase media húngara. A partir de esta fecha la notoriedad del autor conoció un progreso continuo.

Dipu­tado al Parlamento desde 1896, tres años después fue nombrado socio correspondiente de la Academia de Ciencias (de la que más tarde sería miembro efectivo y, finalmente, honorario); en 1904 sucedió a Jókai en la presidencia de la Sociedad Petófi y en 1911 empezó a publicar la autorizada revista Magyar Figyeló a fin de apoyar la política de Esteban Tisza contra la difusión del so­cialismo; en 1925 fue propuesto por la Aca­demia para el Premio Nobel, y desde 1932 estuvo al frente del movimiento revisionista. Mientras tanto, su calidad de máximo representante de la corriente literaria «ofi­cial» quedaba confirmada por notables éxi­tos en el extranjero. H. contemplaba, con la admiración del burgués, no solamente los aspectos sin duda fascinantes de la vida señorial, sino también sus debilidades, y contribuía notablemente a convertir la mo­ral y la concepción de la vida ya olvidadas por la «gentry» en el ideal de la ambiciosa burguesía.

A través de un profundo estudio del pasado supo llegar a una más aguda comprensión de los problemas del momento histórico. Sus mejores novelas, como Paga­nos (v.) y La -puerta de la vida (v.), y dra­mas como Bizancio [Bizánc, 1904] y El rey huérfano Ladislao [Árva László király], de argumento histórico, expresan con admira­ble eficacia la tragedia del destino húngaro vinculada al contraste entre Oriente y Occi­dente. La inventiva en la creación de tra­mas, el gusto refinado y el lenguaje claro y ágil de H. le hicieron singularmente apto para el teatro. En El brigadier Ocskay [Ocskay brigadéros, 1902] reconstituyó el ambiente de la guerra de independencia de Rákóczi; en El puente [A hid, 1925] trans­formó la lucha política de Széchenyi y Kos- suth en símbolo de la perpetua divergencia entre los dos extremos del temperamento húngaro; y, con medios absolutamente ori­ginales, supo repetir el tema, tratado hasta el abuso, del triángulo adúltero en La zorra azul (v.), que todavía hoy, luego de casi cuarenta años, conserva su lozanía y su carácter moderno.

Ya en declive su fecun­didad de artista, H. siguió manteniendo alto su prestigio como publicista de rectitud moral y erudición excepcionales. Con pos­terioridad al establecimiento dél comunismo en Hungría, llegaron escasas noticias sobre este autor, que falleció a los noventa años en 1954.

E. Vàrady