Johann Gottfried Herder

Nació el 25 de agosto de 1744 en Mohrungen (Prusia orien­tal), y murió en Weimar el 18 de diciembre de 1803. H. ocupa en la literatura alemana un lugar de extraordinaria importancia his­tórica debido al fermento de ideas que sus­citó y transmitió a las nuevas generaciones, sobre todo al joven Goethe, en una renova­ción de los valores culturales e ideológicos contemporáneos. De ingenio extremadamen­te abierto y variable, siguió un proceso evolutivo y contradictorio. En Königsberg, donde estudió teología, filosofía y medicina, siguió las lecciones de Kant y trabó amistad con Hamann, cuyas geniales intuiciones sobre el lenguaje, la poesía, la mitología, la ciencia y la historia habían de influir pro­fundamente en sus ideas. Pastor en 1764, se trasladó a Riga para enseñar en la escuela de la catedral; allí trató los problemas crí­ticos de la época y expuso sus innovaciones ideológicas en los Fragmentos sobre la nueva literatura alemana (1767-68, v.), vin­culados a las Litteraturbriefe de Lessing, pero inspirados en el criterio de Hamann acerca de la poesía como lengua madre del género humano y opuestos, por ello, a la imitación de los clásicos y al empleo del latín y de la mitología en favor de una pro­ducción poética original y alimentada por la savia popular.

Afianzado en estas ideas luego de un viaje a París (1769) que le dio a conocer el pensamiento de Rousseau, pu­blicó este mismo año Selvas críticas (v.), libro en que, en oposición con Baumgarten, Klotz y el Laocoonte de Lessing, sacó las consecuencias de los principios expuestos en los Fragmentos y promovió un sensualismo estético en el que la acción del tiempo, del paisaje y del pueblo condiciona el nacimien­to de la poesía; se trata de un antecedente directo del «Sturm und Drang» — exalta­ción de la individualidad y la sensuali­dad—, cuyo programa quedó casi fijado en el Diario de mi viaje en el año 1769 (v.). En 1770 estuvo en Hamburgo, donde cono­ció a Lessing, y en Darmstadt; aquí encon­tró a Carolina Flachsland, con la que en 1773 contrajo matrimonio. Durante el pe­ríodo 1770-71 permaneció en Estrasburgo (forzado a ello por una dolencia ocular), y en esta ciudad relacionóse con el joven Goethe, en quien ejerció una influencia decisiva. Reflejo de ello es el ensayo de este último De la arquitectura alemana (v.), comprendido en el volumen Del estilo y el arte alemanes [Von deusteher Art und Kunst, 1773]; junto con la Historia alemana de Justus Möser, contiene varios textos de H., entre ellos el Extracto de una corres­pondencia sobre Ossian y los cantos de los pueblos antiguos [Auszug aus einem Brief­wechsel über Ossian und die Lieder alter Völker], en el que, en una aplicación ra­dical de las teorías de Hamann y Rousseau, el autor quiere demostrar que la poesía ori­ginal es únicamente la de los pueblos incul­tos y resulta opuesta a la clásica.

Al período de Estrasburgo pertenece otro texto famoso, premiado en 1771 por la Academia de Cien­cias de Berlín: el Ensayo sobre el origen del lenguaje (1772, v.), la única obra de H. con fundamentos científicos; en ella se re­conoce el valor de la razón humana en la formación del lenguaje, inesperada acepta­ción de un racionalismo que, respecto de n problema entonces fundamental, le separa netamente de Hamann. Sin embargo, no había de tardar en volver a las ideas de su amigo: trasladado, efectivamente, a Bückeburg en calidad de consejero municipal (1771), H., lejos de los fermentos de Estras­burgo y envuelto en un clima provinciano saturado de religiosidad, sufrió una crisis espiritual que le llevó de nuevo a la orto­doxia luterana y al pietismo, y, por ende, a Hamann; así lo atestigua El más antiguo documento del género humano (1774-76, v.), que vuelve al criterio del lenguaje como traducción del jeroglífico divino y considera revelado el libro bíblico del Génesis.

En el mismo año de 1774 apareció Todavía una filosofía de la historia para la educación de la humanidad [Auch eine Philosophie der Geschichte zur Bildung der Menschheit], en el que figura el germen de la teoría de la historia y el nuevo concepto de la Edad Me­dia tan importantes en el Romanticismo, para el que sería también fundamental la extensa antología posterior de cantos populares denominada Las voces de los pueblos en cantos [Stimmen der Vólker in Liedem] y cuyo título originario fue Volkslieder (1778-79, v. Cantos populares); aquí, em­pero, cabe advertir, en el criterio, de selec­ción que comprende en ésta incluso las «poesías de arte», la presencia de principios estéticos anteriormente desterrados por la doctrina de la «popularidad» pura: se trata de una influencia clasicista provocada por la permanencia de H. en Weimar, cuna del clasicismo alemán, como superintendente general, desde 1776 y debido al interés de Goethe.

En la obra más importante de este período, el famoso texto Ideas sobre la filo­sofía de la historia de la humanidad (1784- 91, v.), en cuatro partes e incompleto, el autor, alejándose una vez más de Hamann, ofrece una amplia descripción de la historia del mundo, cuyas varias edades interpreta de manera racionalista cual la evolución natural del hombre hacia la consecución de una «humanidad pura», rica en sabi­duría y amor, y no ajena al ideal anhe­lado por Lessing en Educación del género humano (v.). Goethe apreció mucho la obra en cuestión; sin embargo, al menguar y ce­sar después su amistad con el poeta del Fausto (la ruptura definitiva ocurrió en 1795), H. volvió de nuevo a sus antiguas ideas (en las Cartas para el progreso de la humanidad, 1793-97, v., en las que defiende una poesía más netamente popular y germánica) y, sobre todo, a su fundamental irracionalidad, que, al fin, induciríale a un áspero debate con Kant, culminado en el texto Inteligencia y experiencia (1799, v.; el mismo año apareció una segunda parte con el título Razón y lengua) y en Calígona (1800, v.), dirigida contra la Crítica del jui­cio kantiana. La última obra de H. es El Cid, en la que vuelve a predominar la afi­ción a la antigua poesía popular.

S. Lupi