Esquines

Nació en Atenas el 389 a. de C. Su gran adversario Demóstenes le hace hijo de un esclavo y una prostituta: en realidad, la familia de Esquilo era modesta, pero honrada.

Su padre fue maestro de escuela y se llamó Atrometo (palabra que significa «intrépi­do»; Demóstenes, en burla, afirma que el verdadero nombre era Tromes, o sea «tem­blón»); su madre, Glaucotea, fue sacerdo­tisa: Esquilo tuvo dos hermanos: Filocares, pin­tor de cerámica, y Afobeto, escribano pú­blico.

Debido a las condiciones económicas de su familia, no pudo recibir una forma­ción regular; autodidacta, al principio fue también escribano y luego, confiado en su prestancia física y en su bella voz, se hizo actor, pero no alcanzó éxito —parece no haber llegado a interpretar jamás un papel de protagonista— y abandonó pronto la es­cena. Un rico matrimonio le permitió de­dicarse a la política.

En 348 actuó como embajador en Megalópolis y habló contra Filipo de Macedonia; luego, empero, al per­catarse de que Atenas no podría enfrentarse con fortuna a este monarca, apoyó al par­tido pacifista, y en 346 contribuyó notable­mente a la conclusión de la paz de Filócrates. Por dos veces hubo de defender su actuación como embajador: la primera de ellas mediante la oración contra Timarco (345), quien le acusaba de haber traicionado su misión, y la otra con el discurso acerca de la embajada corrompida (343).

En am­bas ocasiones logró el triunfo, aun cuando en la segunda tuvo que vencer muchas dificultades. En 339 representó a Atenas en el Consejo de los Anfictiones y evitó una gue­rra contra su ciudad. Tras la batalla de Queronea, perdió gran parte de su influencia. Cuando cierto Ctesifonte propuso la entrega de una corona de oro a Demóstenes en premió a sus merecimientos, Esquilo impugnó tal idea, que juzgaba ilegal.

El asunto no fue discutido sino seis años después, en 330 (v. Contra Ctesifón). Los argumentos jurí­dicos del atacante eran irrefutables; sin em­bargo, llegada la discusión al terreno polí­tico, los jueces se dejaron conmover por la opinión pública, la cual consideraba a Esquilo vendido al oro macedonio, y por la pasión y el arte de Demóstenes, que pronunció un inflamado discurso.

Y así, Esquilo quedó derro­tado: ni aun la quinta parte de los votos obtuvo; además, fue condenado a una mul­ta. Esquilo prefirió abandonar Atenas y se diri­gió a Éfeso, luego a Rodas, donde estable­ció una escuela de elocuencia (aunque no la que se hizo famosa en épocas sucesivas), y más tarde a Samos. Murió en el destierro hacia el 314 y en lugar ignorado.

V. De Falco