Eratóstenes

Nació en Cirene el 276 ó 275 a. de C. y se suicidó en Alejandría en torno a 194. Este suicidio por hambre parece de­bido a una dolencia progresiva de la vista que posiblemente le había llevado ya a la ceguera.

Es una de las figuras más eminen­tes del gran siglo de la ciencia griega: el de Euclides, Arquímedes y Apolonio. Once años menor que Arquímedes, mantuvo con éste relaciones de amistad y corresponden­cia científica, quien le dirigió la carta sobre el método infinitesimal descubierta por Heiberg en 1906.

Cultivó no sólo las Mate­máticas, sino también la Poesía, Filología, Astronomía, Geografía, Geodesia y Filoso­fía; y así, fue llamado por sus coetáneos «pentatleta», o sea campeón de muchas es­pecialidades. Tras haber estudiado en Ale­jandría con Calimaco, director de la famosa biblioteca, marchó a Atenas, donde se apro­ximó a la escuela platónica.

Tolomeo III Evergetes le llamó a Alejandría como su­cesor de Calimaco en la dirección de la biblioteca. De Eratóstenes se conservan sólo unas pocas obras, entre ellas la Geografía (v.). Sin em­bargo, y aunque a través del testimonio de otros escritores, su nombre permanece vinculado asimismo a varios descubrimientos e inventos célebres.

Fue el primero que intentó calcular la magnitud de un grado de meridiano; lo hizo con un error conside­rable (de un 13 % aproximadamente), pero ello debe ser achacado a la deficiencia de las medidas más bien que al procedimiento. Posiblemente participó en la adición de un día suplementario cada cuatro años al ca­lendario egipcio, revelada por el edicto de Canopo.

Se le debe también el conocido método (criba de Eratóstenes) para la determinación empírica de los números primos inferiores a una cifra dada, llevada a cabo mediante la sucesiva eliminación de los no primos. Sin embargo, el descubrimiento al que nues­tro autor atribuyó mayor importancia fue el de un instrumento, el mesolabio, destinado a resolver de manera mecánica el problema de la inserción de dos medias proporcio­nales sucesivas entre dos segmentos dados, al que puede reducirse el de la duplica­ción del cubo.

Eratóstenes consideró tan importante el citado invento, que regaló un ejemplar de él a un templo como ofrenda votiva, con un texto en verso que explicaba su utilidad. En cuanto poeta, compuso dos pequeños poemas épicos, Hermes y Anterini o Hesíodo, y la elegía Erigone.

Como crítico literario, juzga el arte sin parar mientes en su fin moral y educativo, se opone a la interpreta­ción alegórica de Homero y reconoce los derechos de la imaginación en la geografía homérica y en el relato de los viajes de Ulises. Su obra filológica más importante estuvo constituida por los libros (lo menos doce) Sobre la comedia antigua.

L. L. Radice