Emmanuel Mounier

Nació en Grenoble el 1.° de abril de 1905 y murió en Chátenay- Malabris (Seine) el 22 de marzo de 1950. Estudió en Grenoble y en la Sorbona, ini­ciando su actividad de erudito con un tra­bajo sobre Charles Péguy del que entonces sólo se conocía la obra poética y cuya profundidad y complejidad de pensamiento puso de manifiesto (La pensée de Charles Péguy, París, 1931). En 1932 renunció a la enseñanza de filosofía en Saint-Omer para marchar a París. Tenía veintisiete años y con un grupo de jóvenes que experimen­taban su misma crisis dio vida en aquel año a la revista Esprit, en tomo a la cual se fue organizando más tarde el movimiento que ha quedado como una de las más significativas expresiones del pensamiento cató­lico contemporáneo. El catolicismo de Mounier se encuentra totalmente inmerso en un ansia de renovación, y su vasta obra de es­critor y de animador se apoya en la nece­sidad de romper las formas estáticas en que han ido cristalizando la cultura y la socie­dad burguesas.

La finalidad que se imponía ante una tentativa tan amplia de revisión crítica era la de un completo reexamen de la cultura contemporánea acompañado de un «análisis directo del movimiento de la historia». De aquí nacía la gran mole de trabajo que la revista Esprit fue desarro­llando a partir de 1932, dedicando algunos de sus números, que continúan siendo fun­damentales, a los problemas de la propiedad y del trabajo, de la conciencia cristiana y de la autoridad. En este mismo campo na­cían en ensayo De la propriété capitaliste à la propriété humaine, de 1936, y el Mani­feste au service du personalisme, del mismo año. Estas obras, conjuntamente con el vo­lumen Révolution personnaliste et commu­nautaire, del año anterior, constituyen el punto de apoyo del pensamiento político, social y religioso de Mounier. El personalismo, para Mounier, no es un sistema filosófico ni una «máquina política», sino un modo de ver los problemas humanos y de incitar a los hom­bres «no a defenderse, sino a pensar y a crear».

Pretendía ser, en el pensamiento de Mounier, una liberación de aquellas dos «ena­jenaciones» que él ve por un lado en el existencialismo y por otro en el marxismo, y trataba de actuar no «en» la política, sino «sobre» la política. Contrapone a la sociedad individualista nacida, en oposición al espí­ritu cristiano, de la moral de los comer­ciantes y financieros holandeses y florenti­nos y que tiene su metafísica en el volte­rianismo, una sociedad «comunitaria». En ella, una democracia organizada y total sustituirá a una democracia meramente po­lítica y colonialista. En un mundo en el que domina la falta de escrúpulos y la avidez de dinero, el espiritualismo se ha atrincherado en la defensa de los valores abstractos y se ha abierto a todos los acuer­dos. Por otro lado, en el marxismo, al lado de una tentativa de «pensar en su conjunto la realidad humana y global», se hallan pre­sentes motivos de «arcaico materialismo». Para Mounier, las ideas nuevas destinadas a crear un mundo libre sobre las ruinas de la sociedad en disolución sólo se mueve hacia la izquierda.

Pero el marxismo co­mete el error de confundir lo «espiritual» con lo «reaccionario» y de dejar escapar algunas dimensiones (la interioridad y la transcendencia), que son también parte constitutiva de la realidad humana. De 1941 a 1944 la revista Esprit fue suprimida y Mounier llevado a la cárcel por el gobierno de Vichy. Mounier hizo la huelga del hambre y ante los jueces reafirmó sus ideales de libertad. En 1944 reanudó su publicación la revista. Y en el mismo año, nuestro autor dio a la luz L’affrontement chrétien y al año siguiente aparecían Liberté sous conditions y Traité du caractère. En 1947 salió su volumen más conocido: Qu’est-ce que le personnalisme? (v. El personalismo). En 1949 y en 1950 se publicaron La petite peur de XXème siècle y Feu la Chrétienté.

P. Rossi