Edward Gibbon

Historiador inglés. Na­ció en Putney (Surrey) el 18 de mayo de 1737, murió el 16 de enero de 1794 en Londres. Hijo de un gentilhombre rural, pasó una infancia enfermiza, por lo que su edu­cación fue irregular: únicamente asistió durante dos años a una escuela de West­minster; pero leyó infatigablemente las más variadas obras. A los quince años ingresó en el Magdalen College de Oxford, de donde salió pasados catorce meses. Habiéndose convertido al catolicismo, su padre le envió a Lausana y lo confió a un pastor calvinista en la esperanza de hacerle volver al seno de la iglesia protestante.

Gibbon permaneció cinco años en Lausana estudiando con ahín­co: aprendió el griego, el latín y el francés; leyó las obras de Pascal y Montesquieu, co­noció a Voltaire y en 1757 regresó a Ingla­terra imbuido en el escepticismo y las ideas de la Ilustración. En Suiza se había prome­tido con Susanne Curchod, hija de un pobre pastor protestante (la futura esposa de Necker, el célebre ministro, y madre de ma­dame Staël), pero ante la oposición de su padre tuvo que renunciar a casarse con ella. Durante dos años fue capitán de la Milicia de Hampshire y luego se consagró a los estudios históricos y se puso a escribir; en 1761 publicó en francés un Ensayo sobre el estudio de la literatura. En enero de 1763 hizo un nuevo viaje por el Continente, y fue en Roma donde tuvo la idea de la obra que debía darle celebridad: Historia de la decadencia y ruina del Imperio romano (v.).

De vuelta en Londres, después de la muerte de su padre (1770), se estableció en la capi­tal y fue miembro del Parlamento de 1774 a 1783. Frecuentó el círculo literario de Sa­muel Johnson y otros salones londinenses, en los que su baja estatura y su corpulencia, sus trajes excesivamente adornados, vistosos y excéntricos y sus maneras afectadas, le convirtieron en un personaje característico. Al cabo de siete años de trabajo publicó en 1776 la primera parte de su obra, que alcanzó un éxito inmediato, a pesar de las polémicas suscitadas por su interpretación nacionalista de los orígenes del cristianis­mo; nuevos volúmenes aparecieron en 1781. En 1783, tras la supresión de un cargo pú­blico que procuraba a G. una buena renta, aceptó la invitación de un amigo y se retiró en Lausana, donde terminó su Historia, que publicó completa durante una estancia en Inglaterra en 1788.

En 1793, en los últimos meses que pasó en Lausana (atormentado por la gota y afligido por la pérdida de en­trañables amigos), escribió una Autobiogra­fía, que fue incluida en la edición de Obras diversas de G., publicadas por lord Sheffield en 1796; se trata de una obra sutil e intere­sante, pero que no aclara el misterio de la personalidad del autor, ni de la contradic­ción entre su carácter mezquino y vanidoso y la altura de miras de su obra histórica. Se le debe también Antigüedades de la casa de Brunswick. La obra maestra de G., su Historia, clásica en su género, es actual­mente uno de los libros más leídos en los países de lengua inglesa.