Damião de Goes

Nació en Alenquer (Por­tugal) en febrero de 1502, murió junto al mo­nasterio de Batalha el 30 de enero de 1574. Espíritu abierto y cosmopolita, fue, en el campo de las ideas, el más libre, aunque moderado, representante del humanismo portugués. Habiendo entrado en 1511 en el palacio real en calidad de paje al servicio del rey Manuel I, y después de su sucesor Juan III, fue encargado por este último de realizar varias misiones en el extranjero, pudiendo por ello conocer cómodamente «todos los reyes, príncipes, nobles y pue­blos de la Cristiandad».

En Wittemberg co­noció a Lutero y a Melanchton, en Friburgo a Erasmo, en Italia a Bembo y a Sadoleto. En 1542 participó en la defensa de Lovaina contra los franceses, y habiendo caído prisionero de éstos, sólo fue liberado mediante el pago de 6.000 ducados. Habién­dose fijado en Portugal en 1545, escribió, por encargo del cardenal infante don En­rique, la Crónica del príncipe don Juan (v.), y después, la Crónica de don Manuel, en la que no ahorra críticas a las cruel­dades cometidas contra los judíos. A los setenta años sufrió, bajo la acusación de luteranismo y herejía, un proceso de la Inquisición que lo condenó, en 1572, a la confiscación de bienes y a incomunicación perpetua en el monasterio de Batalha.

Dejó, además de las Crónicas que constituyen sus obras maestras, varias obras en latín, en las cuales, con el interés que le caracteriza por la humanidad, combate por la causa de los pueblos lejanos (Fides, Religio Moresque Aethiopum, Deploratio Lapponiae gentis) o narra sus aventuras personales (Urbis Lovaniensis obsidio). De él nos han que­dado también, además de otras obras me­nores, algunas composiciones musicales, que demuestran la variedad de sus aficiones.

J. Prado Coelho