Constantin Huygens

Nació el 4 de septiem­bre de 1596 en La Haya, donde murió el 28 de marzo de 1687. Hijo de una familia noble e ilustre (su padre, Christian, era secreta­rio del Consejo de Estado), recibió una edu­cación esmerada, que comprendía también el estudio de las lenguas más importantes antiguas y modernas (el italiano, el fran­cés y el inglés). Cursó Derecho en Leyden, y formó parte de misiones diplomáticas en Inglaterra y Venecia. Llegado a secretario del estatúder Federico Enrique, y hasta su muerte, desempeñó siempre un papel de im­portancia en la administración del Estado, y prestó grandes servicios a la familia de los Orange. Entre sus hijos distinguióse el segundo, el célebre físico Christian (v.). H. dedicó a las letras y las artes los ocios que le dejaban los asuntos públicos.

El rigor calvinista llevóle a profundizar sobre las ridiculeces de la moda, tema de la ani­mada sátira Las costosas locuras [Costelick Mal, 1622]. Woorhout (1621, v.) es la pri­mera parte de una trilogía descriptiva de ciudades y lugares de Holanda; a ella si­guieron Hofwijck (1653, v.) y El camino del mar [De Zeestraet, 1666]. De tenden­cia edificante y didáctica es el poema Con­solación de los ojos [Oogentroost, 1647]. Flores de lis [Korenbloemen, 1658] contiene la producción lírica de este escritor, lleno de dificultades propias del siglo XVII y afi­cionado al estudio del marino. Extravagante resulta Catalinita de Cornelio [Trijntje Cornelis, 1653], farsa en la que se narran con crudeza las aventuras de la esposa de un marinero, donde es engañada y despojada por una meretriz y su amigo; se trata de un texto rebosante de realismo, que admite la comparación con los de Bredero y Hooft.

Huygens compuso también numerosos y celebra­dos epigramas. De él conservamos, además, un abundante epistolario. Muy interesado en la música, escribió sobre el empleo del órgano en el culto calvinista. Sin embargo, indica mejor la medida de su gusto y el lugar que ocupa en la historia de la cultura su oportuno reconocimiento del genio de Rembrandt.

A. H. Luijdjens