Christian Huygens (Huighens, Hugens, Hugenius)

Nació el 14 de abril de 1629 en La Haya, donde murió el 8 de junio de 1695. Re­cibió de su padre Constantin (v.) la pri­mera instrucción, que luego completó con los estudios efectuados en la Universidad de Leyden. Pronto empezó a manifestar aptitud por las ciencias exactas que poste­riormente le convertiría en uno de los mate­máticos más ilustres de su siglo. En 1651, en efecto, sometió a una aguda crítica el método empleado para las cuadraturas por el célebre Gregorio di San Vincenzo. En tanto proseguía sus estudios matemáticos, que luego cultivó a lo largo de toda su vida, se dedicaba también a construcciones mecánicas y a investigaciones de física ex­perimental (dos cosas que, sobre todo enton­ces, se hallaban estrechamente vinculadas).

En 1655, en colaboración con su padre, en­contró un nuevo método para el pulimento de las lentes, lo cual le permitió la cons­trucción de un telescopio con el que pudo observar el sistema de los satélites de Sa­turno y descubrir otro de ellos, el sexto; tales investigaciones le inspiraron los tex­tos De Satumi luna observatio nova y El sistema de Saturno (v.). Logró también ob­servar efectivamente, por primera vez, la nebulosa de Orion (1656). Sin embargo, la invención que le dio una fama inmediata .fue la del reloj de péndulo. Para com­prender su importancia debe tenerse pre­sente no sólo que ello requería la posesión de unos conocimientos de física extraordi­narios para su época (la mecánica racional se hallaba todavía en sus principios) sino también que eran aquéllos los tiempos de la navegación oceánica, y urgía, por lo tanto, la solución del difícil problema su­puesto por la determinación de la longitud en alta mar.

Esta cuestión hubiera podido verse teóricamente resuelta con la presen­cia, en las naves, de relojes portátiles sufi­cientemente exactos; no obstante, la técnica de la época no podía en absoluto suminis­trar tales instrumentos. El reloj de H. re­solvía la dificultad, o, por lo menos, per­mitía vislumbrar su solución, luego de va­rios perfeccionamientos prácticos y estudios teóricos ulteriores. Y, así, el sabio presentó su aparato a los Estados Generales de las Provincias Unidas, y el año siguiente pu­blicó una descripción del mismo titulada Horologium. Mientras tanto, alternó dichos estudios matemáticos con investigaciones de dinámica en conexión con el problema del reloj. La fama alcanzada le valió (1663) el ingreso en la «Royal Society» de Londres. En 1665 Colbert contrató al sabio y lo puso al servicio de la marina francesa; y, así, este año H. marchó a Francia, donde per­maneció hasta 1681 casi ininterrumpidamen­te (salvo en ocasión de algunos breves via­jes a Holanda e Inglaterra).

Éste fue el período más feliz y fecundo de la actividad del científico, el cual, en París, llegó a ser una especie de maestro de muchos mate­máticos prometedores, de Leibniz entre ellos, ejerció (hasta cierto punto gracias a su adhesión parcial a las teorías cartesia­nas) una gran influencia como físico, y llevó a cabo sus principales investigacio­nes, entre las cuales figuran las de dinámica (sobre las leyes del péndulo y de la fuerza centrífuga) expuestas en la gran obra titu­lada Horologium oscillatorium (1673); ini­ció también entonces los estudios sobre la luz (óptica física), que terminaría más tarde en Holanda. En 1681, empero, disgustado por la persecución contra los hugonotes, correligionarios suyos, y quizá temeroso de verse obligado a la abjuración, abandonó el servicio de Francia y volvió a Holanda, país donde fue asimismo objeto de muchos honores y, en la Universidad de Leyden, determinó una importante corriente de admiradores y partidarios. Precisamente en Holanda publicó (1690) el celebérrimo Tra­tado de la luz (v.), obra a la cual se halla hoy vinculada singularmente la fama de H. Al morir dejó sus manuscritos a la Univer­sidad de Leyden.

G. Preti