Charles Forbes de Tryon, Conde de Montalembert

Nació en Londres el 15 de abril de 1810, murió en París el 13 de marzo de 1870. Perteneciente a una familia de la vieja aristocracia (su padre, emigrado en tiempo de la Revolución, diplomático y par de Francia, fue un defensor del absolutis­mo real), recibió su primera educación en Inglaterra. Regresó a la patria con los su­yos después de la Restauración y asistió primero al Liceo Bourbon y después, en­viado al colegio de Sainte-Barbe, tuvo como condiscípulo a Lacordaire. Después de ha­ber viajado por Noruega e Irlanda, como huésped del abuelo materno, el explorador Forbes, entró a los veinte años en la redac­ción del Avenir, periódico fundado por Lamennais para defender la posibilidad de una alianza entre el catolicismo y la liber­tad, problema que fue característico de una gran parte del pensamiento católico del siglo pasado.

Para ensanchar su acción, Montalembert, junto con Lacordaire, abrió una escuela pública sin la autorización gubernativa, por lo que hubo de defenderse ante la Cámara de los Pares, en la que había sucedido a su padre (1831) revelándose como orador elo­cuente y persuasivo. Suprimido el Avenir por la intervención de los obispos france­ses, Montalembert marchó a Roma, en compañía de Lamennais y Lacordaire; pero no pudo im­pedir que Gregorio XVI condenara su «ca­tholicisme démocratique et social». La con­dena pontificia a la que él, contrariamente a Lamennais, se sometió sin protestar, lo alejó en parte de los problemas de la con­ciliación de libertad y catolicismo y lo in­clinó a los viajes y al estudio del arte cris­tiano, cuyo primer fruto fue la Historia de santa Isabel de Hungría (1835, v.), escrita bajo la influencia de su amor por Marianne de Mérode, con la que casó el mismo año. Pero nada lo alejó de los problemas de la miseria de las clases menesterosas, que cau­saban a él y a sus amigos viva preocupa­ción.

Asumida en 1839 la dirección del Uni­vers, defendió una legislación en favor de los niños y la libertad de enseñanza, ex­presando ideas ratificadas después en el opúsculo Du devoir des catholiques dans la question de la liberté de renseignement (1843): tales problemas los llevó también a la Cámara de los Pares apoyándolos con su viva elocuencia. Todos estos fermentos y estas preocupaciones sociales parecieron truncados por la revolución de 1848, por la que la clase trabajadora asumió un papel preponderante. Montalembert, siguiendo la inspiración fundamentalmente conservadora del catoli­cismo, se alineó sin vacilar en los partidos de orden, que negaban a los obreros todo derecho autónomo a mejorar sus condicio­nes de vida. Diputado en la nueva Consti­tuyente, todavía defendió en 1848-49 el poder temporal de Pío IX, y se declaró favorable, contra Victor Hugo, a la inter­vención francesa en Roma. Elegido en 1851 miembro de la Academia francesa, sostuvo la candidatura de Luis Bonaparte para la presidencia de la República, pero el golpe de estado le hizo volver a sus anteriores posiciones liberales y se alineó en la opo­sición, hasta el punto de que en 1857 no fue elegido ya diputado.

Sin embargo, de­fendió aún el poder temporal del papa y combatió duramente a Cavour. En 1852 ha­bía publicado Des intérêts catholiques au XIXème siècle y en 1855 dotó de nueva fisonomía a un viejo periódico, Le Corres­pondant, del que se sirvió para combatir el ultramontanismo, y en especial a su más importante representante, Louis Veuillot. Alrededor del Correspondant se reunieron, en aquel período, los católicos liberales, entre ellos monseñor Dupanloup, Lacordai­re, etc. En 1860 publicó su obra más impor­tante, Los monjes de Occidente, desde san Benito hasta san Bernardo (v.), que le había costado veinte años de investigación en los archivos de toda Europa. Separado ya de la política militante, poco antes de morir, fiel a su posición de católico liberal, se manifestó contrario a la convocatoria del Concilio Vaticano, del que había de salir la afirmación de la infalibilidad del papa.

F. Catalano