Caroline Schlegel

Nació en Gotinga el 2 de septiembre de 1763 y murió en Maulbronn el 7 del mismo mes de 1809. Fue hija del célebre orientalista Michaelis. Formada con cierta libertad y despreocupación, y precoz de inteligencia y sentimientos, había con­traído matrimonio a los veintiún años con un médico, y parecía destinada al idílico tedio de una localidad de montaña; sin em­bargo, quedó viuda con una hija a los cuatro años de la boda. Tras algún tiempo de relativa calma sentimental, su apasio­nado carácter llevóla a dramáticos amores. En 1792, en Maguncia, y mientras aguarda­ba al hijo fruto de una relación fugaz con un oficial francés, fue encarcelada como sospechosa de actividad jacobina; puesta en libertad gracias a la intervención de su hermano, dio a luz al niño, que murió poco después. Quedaba ya, empero, comprome­tida, y viose incluso expulsada de varias ciudades.

Libróla del envilecimiento August Wilhelm Schlegel (v.), quien, siquiera an­teriormente rechazado, le dio acogimiento y ayuda y le propuso el matrimonio; mien­tras tanto, confióla a su hermano menor, Friedrich, estudiante en Leipzig, quien se convirtió en el más ferviente admirador de su futura cuñada. August y Caroline se ca­saron en 1796 y fueron a residir Jena, de cuya Universidad llegó aquél a profesor. En torno a los dos formóse el grupo de poetas y filósofos que dio vida al primer movimiento romántico; en el ambiente en­tusiasta del cenáculo brilló la belleza de Caroline. Sin embargo, el matrimonio no era feliz, por cuanto el frívolo y superficial August no lograba satisfacer el apasionado temperamento de su esposa. En 1798 llegó a Jena otro joven profesor, Joseph Schelling (v.), quien contaba entonces veinticinco años.

Caroline y éste experimentaron muy pronto una mutua atracción, de la que, no obstante, no se dieron cuenta al principio; y así, Schelling fue prometido a Augusta, la hija de Caroline, de quince años. En cier­to momento, empero, el profesor y la madre comprendieron claramente la recíproca pa­sión que les atraía; la muchacha, que habría de morir al cabo de pocos meses a causa de una inesperada enfermedad, advirtió la rea­lidad, y renunció a su prometido. Los dos amantes conocieron entonces una época de torturas espirituales. August Wilhelm, sin embargo, no se inmutó; sí, en cambio, sin­tió celos e inquietud su hermano Friedrich, quien rompió toda relación con la cuñada, en parte a instigación de Dorothea Mendelssohn, la cual, por amor de él, se había separado de su esposo. En 1801 August Wil­helm partió de Jena hacia Berlín, y reanu­dó, o, mejor dicho, prosiguió, su vida de fáciles amores; de común acuerdo, él y Caroline pidieron en 1802 el divorcio.

Trans­currido apenas un mes, unióse ésta a Schel­ling. Tal vínculo estuvo presidido por la dicha, la armonía, la comprensión mutua y un apasionado amor, truncado por la inesperada muerte de Caroline a causa de una repentina dolencia. A pesar de las apa­riencias, no debe ser considerada una mujer ligera; y así, pudo afirmar a Schelling: «He nacido para la fidelidad… Llegar a ser in­fiel me ha costado la mayor de las penas». Poseedora de una inteligencia muy notable y de un juicio extremadamente agudo, fue una figura de primera categoría en el ce­náculo de Jena, como demuestra su intere­sante epistolario Cartas del primer roman­ticismo (v.), publicado póstumo.

V. M. Villa