Nació en Berlín el 24 de octubre de 1763 y murió en Francfort del Main el 3 de agosto de 1839. Fue la hija primogénita del filósofo Moses Méndelssohn (v.), y, cumplidos apenas los quince años, contrajo matrimonio, por deseo de los padres, con el banquero Simón Veit, hombre bueno, pero no culto ni brillante, al que le vinculaba no el amor, sino el mero aprecio; de él tuvo dos hijos. Inteligente e instruida, frecuentó los círculos más cultos de Berlín, y mantuvo amistad con Rahel Levin (luego esposa de Vamhagen von Ense) y Henriette Herz. En casa de esta última conoció en 1797 a Friedrich Schlegel; pronto nació entre ambos una invencible pasión. Dorothea, empero, no engañó a su esposo, antes bien, confesóle su amor hacia el amigo y halló en aquél comprensión, delicadeza y apoyo. Con su consentimiento, abandonó el hogar, y, tras el divorcio, fue a vivir con Friedrich, al cual vinculóse en una unión libre y sin preocuparse de la moral burguesa, de acuerdo con las ideas luego manifestadas por Schlegel en su novela Lucinda (v.). Siguió a éste en sus viajes de Jena a Leipzig, Dresde y París.
En la capital francesa pasó de la religión hebraica a la protestante: en 1804 fue bautizada y celebró la unión matrimonial de acuerdo con el rito eclesiástico; después, cuando Friedrich sintióse inclinado al catolicismo, convirtióse también de nuevo: en 1808, en Colonia, los esposos recibieron otra vez el bautismo y quedaron unidos por el sacramento del matrimonio. Mientras tanto, Dorothea colaboraba con su esposo en los estudios literarios de éste, y tradujo mucho del francés y del italiano. Sin embargo, no logró terminar jamás la novela Florentino (v.), de la cual había publicado ya en 1801 el primer tomo; la obra, aun cuando no muy original, por cuanto el talento de la escritora, siquiera vivo, no pasaba del diletantismo, era un buen ejemplo de la fermentación romántica contemporánea. Cuando Friedrich se puso al servicio del emperador de Austria los dos cónyuges pudieron, al fin, tener una residencia fija.
Dorothea alejóse de ella sólo en ocasión de algunos viajes a estaciones termales o bien para visitar a los dos hijos de su primer matrimonio, quienes, por amor a su madre, se convirtieron al catolicismo. Ambos se dedicaban a la pintura y permanecieron muchos años en Roma. Con ellos vivió de 1818 a 1820 en esta ciudad, en la cual frecuentó el círculo de la señora Von Humboldt; allí recibió una visita del marido, quien realizaba un rápido viaje por Italia con Metternich. Luego Dorothea regresó a Viena junto a él, y conoció casi un decenio de vida tranquila. Viuda en 1829, fue a vivir con su hijo mayor Philipp Veit, que había sido nombrado director del Instituto Staedel de historia del arte, en Francfort; allí aguardó la muerte serenamente, cual correspondía a una mujer fuerte y valerosa.
V. M. Villa

