Carlos Reyles

Novelista uruguayo nació en Montevideo en 1868 y murió en 1938. Hijo de un rico hacendado uruguayo y de ma­dre española (andaluza). La figura más im­portante del realismo en su país; pero su realismo es de tendencias naturalistas y psicológicas: arranca de Pereda para dete­nerse en Zola y llegar a Dostoievski. Arran­ca de lo local para remontarse con origi­nalidad y amplia visión creadora de artista. Indudablemente, en el conjunto de su obra, sobresalen dos obras maestras, una de tema español y otra de tema americano: El em­brujo de Sevilla (v.) y El gaucho Florido (v.); la primera es de 1922, y la segunda de 1932.

Reyles es un rico hacendado, un hom­bre de negocios y un intelectual que se arruina con sus ensayos de cruces de ganado y de renovación de métodos en su hacienda, pero triunfa en sus intentos reno­vadores de la novela, a la que aplica sus experiencias en el campo de la filosofía ale­mana (Schopenhauer y Nietzsche), del na­turalismo francés (Zola y Stendhal), en una trayectoria indiscutiblemente galdosiana. Pasó una larga temporada en Francia, In­glaterra y España, y volvió a Sevilla en 1929, con carácter de enviado especial en la Exposición. Ya en situación económica difícil, se incorporó en Montevideo al cuadro de profesores de la Universidad (1932) y dirigió la radiodifusión en el país (1936). Influyó en él poderosamente la personali­dad de su ilustre compatriota José Enrique Rodó. A este respecto, afirma Valbuena Briones en su Literatura Hispanoamericana: «Hizo una división entre la novela tradi­cional de signo exterior y el estilo intros­pectivo que en lengua castellana se comen­zaba, según él, entonces». Esta declaración fue elogiada por José Enrique Rodó, que escribió a propósito el artículo La novela nueva.

Además de las citadas, son novelas esenciales suyas Beba (v.); Los tres relatos de las Academias, titulados Primitivo (1896), El extraño (1897) y El sueño de rapiña (1898); La raza de Caín (v.); El terruño (1916, v.), exposición de sus ideas económico-sociales, y A batallas de amor… campos de pluma (1939), póstuma, de hondura psi­cológica y crudeza naturalista. En el grupo de sus ensayos es necesario señalar El ideal nuevo (1903), La muerte del cisne (v.), Diálogos olímpicos (v.)» Incitaciones (1936) y Ego Sum (1939), póstumo. Inició sus pu­blicaciones con el relato Por la vida (1889). Este estupendo estilista, hombre culto y europeizante, de formación esencialmente autodidáctica, es una de las figuras más relevantes del panorama literario hispano-americano. Su sentido universal dentro de Hispanoamérica quizás haya influido en el escaso e indebido eco que su personalidad y su obra encuentran en la crítica literaria que desde América suele hacerse; sin em­bargo, la lista de la media docena de gran­des novelistas hispanoamericanos no esta­ría completo si no figurara Reyles.

J. Saplña