Camille Saint-Saëns

Nació en París el 9 de octubre de 1835 y murió el 16 de diciembre de 1921 en Argel. Perdió el padre cuando contaba solamente cuatro meses, y recibió la primera formación musical de su madre y de una tía; mostróse tan precoz en tal aspecto que a los cinco años pudo ya com­poner para el piano. Fue confiado entonces a la guía del pianista Stamaty, el cual pre­sentóle como pequeño virtuoso del piano en 1845. Estudió órgano con Benoît y com­posición con Halévy. En 1852 ganó un con­curso con una Ode à Sainte Cécile; en 1853 fue nombrado organista de St. Merry, y en el año 1857 alcanzó el mismo cargo en la Madeleine; en 1861 obtuvo la cátedra de piano de la escuela Niedermeyer. Su pri­mera obra teatral, Le timbre d’argent (1864- 1865)), no pudo llegar a la escena.

Tempe­ramento batallador y enérgico, fundó en 1871 la Société Nationale de Musique, orien­tada concretamente al fomento de la ejecu­ción y la difusión de la nueva música fran­cesa. La iniciativa, a la cual se adhirieron, entre otros, Lalo, Franck, Bizet y Fauré, tuvo una gran importancia en sus aspectos de propulsión y organización. En 1872 Saint-Saëns pudo ver finalmente satisfechas sus aspira­ciones escénicas: siquiera con escaso éxito, fue representada en la Opéra Comique su obra La princesse jaune. A esta misma época pertenecen también algunas de las produc­ciones sinfónicas más importantes del mú­sico en cuestión: los poemas La rueca de Onfalia (1871, v.), Phaéton (1873), Danza macabra (1874, v.) y La jeunesse d’Hercule (1877), en el que puede percibirse una in­tensa influencia de las obras análogas de Liszt; y los Conciertos segundo, tercero y cuarto para piano, en sol menor (1868), mi bemol mayor (1869) y do menor (1875), cuyo virtuosismo pianístico alcanza un alto nivel de perfección en cuanto a la forma y a la estructura, y de acuerdo con esque­mas imponentes y grandiosos, pero general­mente poco profundos.

La infatigable acti­vidad creadora de Saint-Saëns abarca todos los campos de la música y todas las combina­ciones instrumentales y vocales posibles. Sin embargo, su gran aspiración fue siempre el teatro. Diole ocasión a ello Liszt, su gran admirador, quien promovió en Weimar la representación de Sansón y Dalila (v. San­són), celebrada el 2 de diciembre de 1877; se trata de la mejor obra del músico, tanto por su vigoroso planteamiento como por la fuerza de los coros y la amplitud descrip­tiva del ambiente, y es la única aún hoy re­presentada. Cuanto posteriormente compusiera Saint-Saëns presenta bien un valor académico y formal, siquiera siempre dentro de una cuidadosa dignidad de construcción — así, Henri VIII (1883), Ascanio (1890), Déjanire (1898), los dos Conciertos para violín en do mayor y si menor (1879 y 1880), la Sin­fonía en do menor con órgano y dos pianos (1886) , y el quinto Concierto para piano (1895) —, o bien meramente descriptivo y agradable, como en la «fantasía zoológica» El carnaval de los animales (v.) (1886). Durante las últimos años de su vida Saint-Saëns fue interesándose cada vez más por la mú­sica popular árabe; pero su producción* no anduvo, en este ámbito, más allá de un ge­nérico orientalismo amanerado.

Acariciado por el honor y la fama, terminó casi repen­tinamente sus días en Argel, donde pasaba el invierno desde hacía ya algunos años, poco después de la primera Guerra Mundial, en cuya época figuraba entre los naciona­listas más ardientes. Notables son también los artículos que publicó durante su vida en diversos periódicos y revistas, reunidos en los volúmenes Harmonie et mélodie, Portraits et souvenirs y, singularmente, École buissonniére.

C. Marineixi