César Vichard, abate de Saint-Réal

Nació en Chambéry en fecha desconocida y pro­bablemente situada entre abril de 1643 y marzo de 1644, y murió en 1692. Recibió las órdenes sagradas por voluntad de su ma­dre. En 1663 hallábase en París donde pron­to empezó a frecuentar los medios literarios y mundanos, en los cuales se distinguió por su espíritu libre y mordaz. Relacionóse con Brienne, La Fontaine, Racine y Boileau, quienes le apreciaron notablemente, y con­tribuyó mucho al afianzamiento de las obras de éstos con sus juicios resueltos y seguros. En 1665 se le inscribió en la lista de los eruditos subvencionados, con el encargo de examinar los manuscritos de la Biblioteca Real (actualmente Bibliothèque Nationale).

Ya desde su primera obra, Réconciliation du mérite avec la fortune (1665), destacó por su independencia de criterio y la acusada tendencia, constante en su producción, a la investigación psicológica aplicada a una ciencia histórica, todavía rudimentaria, sin duda, pero no carente de afortunados ha­llazgos o aplicaciones, que revelan en Saint-Réal el lector atento de Maquiavelo. En el curso de pocos años fueron apareciendo sus prin­cipales textos: De l’usage de l’histoire (1671), Don Carlos (1672, v.), y La conjuration des espagnols contre la république de Venise (1674), obra que inspiró al inglés Otway el tema de su Venecia salvada (v.). Se trata de producciones breves, inteligentes y elegantes, influidas por un ambiente cultural muy concreto, situadas dentro de la tradi­ción de la ideología libertina que culminaría en un Saint-Évremont (v.), y matizadas por el moralismo pesimista propio de La Roche­foucauld. También para Saint-Réal conviene bus­car el interés egoísta en el origen de las acciones humanas, en las cuales tan impor­tante papel desempeña asimismo la vanidad; considera, además, que la voluntad no siem­pre se halla orientada hacia el bien, según demuestran numerosos ejemplos.

En 1674 el abate volvió a Saboya, y trabó amistad con Hortensia Mazarino, sobrina del cardenal, casada con el marqués de la Milleraye, del cual vivió largo tiempo separada; Saint-Réal acompañóla a Inglaterra en 1675, y procuró su reconciliación con la corte y el esposo, personaje que se había hecho célebre por sus extravagancias. En 1677 publicó la Vie de Jésus-Christ, obra considerada impía por cuanto no menciona la divinidad de Jesús; dicho texto procuró a su autor la enemistad de los jansenistas y los ataques de Amauld, y provocó la intervención de la policía, que hizo públicas algunas de sus escandalosas costumbres. Posiblemente a causa de ello se alejó de París y estuvo nue­vamente en Saboya, entre los años 1678 y 1680; a fines de éste regresó a la capital, donde vivió miserablemente hasta su muer­te, mencionada con pesar por Racine en una carta dirigida a Boileau. Aparte nume­rosos opúsculos sobre temas diversos, sus últimas obras fueron Césarion ou Entretiens divers (1684), De la valeur (1684) y Traité de la critique (1691).

Relegado al olvido en una sociedad literaria muy refi­nada y abundante en auténticos genios, Saint-Réal. merece ser considerado como uno de los precursores en la elaboración de la «science de l’homme» que sería el «grande affaire» de los enciclopedistas e ideólogos del si­glo XVIII. Algunas de sus intuiciones, in­cluso en el ámbito de lo subconsciente, re­velan su profundo conocimiento del corazón humano; ello explica suficientemente el in­terés que nuestro autor despertó aproxima­damente un siglo y medio más tarde, en Stendhal, otro gran investigador de las pasiones humanas.

G. Natoli