Claude-Henri de Rouvroy, conde de Saint-Simon

Nació el 17 de octubre de 1760 en París, donde murió el 19 de mayo de 1825. Descendiente de una ilustre familia que pretendía proceder de Carlomagno a través de los condes de Vermandois, estaba empa­rentado con el duque de Saint-Simon, autor de las famosas Memorias (v.). En 1777 ingresó en el ejército, combatió en América (1779) junto a Washington y obtuvo a los veinti­trés años la graduación de coronel. Vuelto a Francia en 1783, advirtió muy pronto que su Interés por la guerra orientábase tan sólo hacia las causas de la misma; personal­mente, en efecto, era un hombre de paz, preocupado por el estudio y el progreso de la civilización. Viajó primeramente por Ho­landa, y luego a través de España, donde se hallaba en 1789, al iniciarse la Revolución francesa, convulsión social que le apasionó intensamente.

Sin embargo, vuelto a París permaneció al principio aislado, y más tarde se dedicó a los negocios, actividad en la cual estuvo asociado al conde de Roedem. Reuni­da una regular fortuna, en 1790 inició la ampliación de su cultura. Estudió entonces en la Universidad de París; en 1801 contrajo matrimonio, pasó a residir frente a la Es­cuela Politécnica e invitó a su hogar a los físicos, astrónomos y matemáticos más céle­bres del tiempo, cuyas conversaciones in­fluyeron notablemente en Saint-Simon. Separado de la esposa pocos meses después, fue a vivir junto a la Escuela de Medicina, y en su nuevo domicilio rodeóse, en cambio, de fisiólogos. Por aquel entonces ordenó a su criado que le despertara cada mañana con las siguientes palabras : «Levantaos señor conde: tenéis grandes cosas que hacer». Reanudó sus viajes, que llevó a cabo estos años por Inglaterra y Alemania, y en todas partes pudo comprobar el estado anárquico de la ciencia. Visitó en Coppet a Mme. de Staël, y en 1802 publicó su primer texto, Cartas de un habitante de Ginebra a sus contemporáneos (v.).

Su carácter singular y vanidoso le hizo caer de nuevo en la miseria, a pesar de lo cual, valeroso y tenaz, se entregó a la composición de importantes obras. En 1807 escribió Introduction aux travaux scientifiques du XIXme siècle y las Lettres au bureau des longitudes, prece­didas por una Histoire de ma vie. En 1801 publicó Lettres sur l’Encyclopédie, y com­puso Mémoires sur l’Encyclopédie, que no entregó a la imprenta. Entre 1809 y 1811 dio a la luz Esquisse d’une nouvelle Encyclo­pédie y la Histoire de l’homme; en este últi­mo año apareció, en edición limitada a sesenta ejemplares, la Mémoire sur la scien­ce de l’homme. En 1814 fue publicada la obra Reorganización de la sociedad europea (v.), en la que el autor desarrollaba sus ideas referentes a la necesidad de la inte­gración de los diversos pueblos europeos en una sola entidad política; con el texto en cuestión Saint-Simon abandona la física y la fisiología en favor del examen de la ciencia social y humana, y reconoce la oportunidad de la resolución política de algunos proble­mas gravísimos dejados pendientes por el imperio napoleónico.

En 1815, y para atender a sus necesidades vitales, empleóse en el Monte de Piedad, donde ganó un sueldo anual de mil francos. Aun cuando ocupado en su oscura profesión, en 1816 publicó Mesures à prendre contre la constitution de 1815 y Lettres sur rétablissement du parti de l’opposition, y entre 1817 y 1818 La in­dustria (v.), conjunto de discusiones polí­ticas, morales y filosóficas «en interés de los hombres versados en trabajos útiles e independientes», compuesto en colaboración con Augustin Thierry y Auguste Comte; en 1819 apareció la famosa Parabole, que le valió un proceso, del cual, sin embargo, salió absuelto. En 1820-22 vio la luz Du système industrial, y en 1823-24 el Catecismo de los industriales (v.), serie de cua­tro cuadernos, de los cuales el tercero es obra de A. Comte (v.). Las crueles penali­dades que por aquel entonces hubo de afrontar le llevaron incluso al borde del suicidio; sin embargo, logró superar la grave crisis, en parte gracias al consuelo de la religión.

Reanudada su actividad, publicó en el año 1825 Opinions littéraires, philosophiqueé et industrielles. Para destacar que también él juzgaba ¡afianzados en las pa­labras del Evangelio todos los acontecimien­tos sociales, tituló su último libro Nouveau Christianisme (1825); en él repitió las acos­tumbradas acusaciones contra la Iglesia ca­tólica, pero, asimismo, atacó vigorosamente a Lutero, a quien culpa de la proclamación de una moral muy inferior a la que conviene a los cristianos de la época moderna. Falleció poco después en brazos de sus dis­cípulos, entre los cuales figuraban, además de Augustin Thierry, secretario e hijo adop­tivo suyo, Auguste Comte, el fundador del positivismo francés, y Olinde Rodrigues, los dos largo tiempo colaboradores de Saint-Simon.

Éste puede ser considerado creador del socialis­mo utópico, más bien político-social que económico, defendido por Fourier y Proudhon. Sus discípulos fueron muy numero­sos. y tan fanáticos que dieron lugar casi a una secta, cuya influencia en la ideolo­gía social y política europea habría de per­sistir largo tiempo; esta corriente, denomi­nada «saintsimonismo», se desarrolló de 1830 a 1850, y fue dirigida por B.-P. Enfantin y Bazard.

I. Ripamonti