Hijo de Atenodoro y de Letófila, n. en Soli, «la ciudad más famosa de Cilicia», hacia el año 315 a. de C.; m. en Macedonia hacia el 240-239 a. de C.
En su primera juventud estuvo probablemente en la isla de Cos, donde florecía un famoso círculo de poetas que reconocían como jefe a Filita.
Aquí debió conocer a Teócrito, el cual, más tarde, en las Talisios (VII, 98), contaba a Arato en el número de sus amigos de los bellos días de Cos, y tal vez en homenaje suyo reproducía fielmente en el idilio XVII, en elogio de Tolomeo, el principio del poema de Arato Vivió largo tiempo en Atenas, donde llevó a cabo estudios sobre matemáticas y astronomía (si es cierto que enseñaba estas disciplinas a su condiscípulo Dionisio), sobre filosofía y literatura.
Asistió quizá a la escuela del peripatético Prasifanes de Mitilene, donde se habría encontrado con Calimaco; y más tarde, este Calimaco apoyaba los principios del arte nuevo con el elogio de Arato en el escrito polémico dirigido a su antiguo maestro.
Fue con seguridad discípulo de Zenón, el fundador de la Stoa, y tuvo amistad con Perseo. Escuchó en Eretria al filósofo Menedemo, en cuyos festines tomaba parte juntamente con Licofrón y Antágoras de Rodas.
No se sabe donde tuvo lugar su encuentro con el gramático y poeta Menécrates de Éfeso, encuentro decisivo porque Menécrates, editor e imitador de Hesíodo, logró que Arato admirara el valor de la obra del poeta ascreo, los versos del cual influyeron no poco sobre la poesía de los Fenómenos (v.).
Casi con toda seguridad, Antígono Gonata, amigo de Zenón, había conocido y apreciado ya en Atenas a Arato Tras su subida al trono en 276, el rey macedonio abrió su corte a filósofos y poetas como Filonides, Alejandro de Pleuro, Antágoras de Rodas, Timón de Fliunte; en ocasión de su boda con Fila, hija de Seleuco Nicator, el rey llamó junto a sí también a Arato, quien se dirigió a Macedonia con su amigo Perseo.
Allí compuso la primera obra poética de que se tiene noticia, el Himno a Pan arcádico, al dios artífice de la victoria alcanzada por el Gonata sobre los celtas en 277 a. de C. en Lisimaquia.
Esta victoria había determinado la amistad entre Antígono Gonata y Antíoco I de Siria, y, a consecuencia de ella, la boda. En Macedonia también compuso Arato su mayor trabajo poético, los Fenómenos, a ruegos del rey macedónico, quien le sugirió el argumento mediante un libro de Eudoxio (El espejo).
La obra fue saludada con grandes elogios por Leónidas de Tarento, que veía en el autor a un nuevo Zeus, porque había hecho más brillantes las estrellas, y por Calimaco, que sentía en la nueva obra el aliento de los cantos de Hesíodo y una difusa dulzura mucho más intensa que en los demás poemas de la época.
En el año 274 a. de C. la inesperada invasión de casi toda Macedonia por Pirro dispersó el círculo cultural de la corte de Gonata. Arato se refugió en Siria, junto a Antíoco I Soter, hijo de Seleuco. Allí, siguiendo los consejos de Timón, llevó a término una edición de la Odisea, ya comenzada en Macedonia, edición que tomó el nombre de «aratea» por su nombre.
Después de la muerte de Pirro, volvió Arato a Macedonia, donde murió antes que su protector Antígono Gonata (es decir, hacia el 240-239 a. de C.). En las cercanías de su patria, Soli, le fue levantado un monumento.
Su obra principal, los Fenómenos, gozó de grandísima fama en la antigüedad: en Roma fue traducida por Varrón Atacino, por Cicerón en su juventud, y re- elaborada por Germánico y por Rufo Festo Avieno. Y Ovidio cantaba en sus Amores: «cum sole et luna semper Aratus erit».
M. T. Chianura

