Llamado Yoshimi en el siglo, n. en 1657 en Edo (Tokio); m. en 1725. Aprendió a escribir a la edad de tres años, y apenas tenía diez cuando su estilo y su caligrafía no diferían de los de un adulto y comenzó a ayudar a su padre, Masanari, que estaba al servicio de la familia Tsuchiya, propietaria de un feudo en la provincia de Kazusa.
En 1674, se retiró Masanari a la vida privada, lo que no impidió que Arai continuara sus estudios de historia y filosofía chinas. Tenía 25 años cuando entró al servicio de Hotta Masatoshi (1631-84), primer consejero del «shogun», en cuyo cargo permaneció diez años.
En este período se hizo alumno de Kinoshita Jun-an (1621-98), famoso filósofo y sinólogo. Habiendo abandonado el servicio de Hotta, abrió una pequeña escuela en el barrio de Asakusa, en Yedo, donde enseñó, viviendo difícilmente durante dos años. Tenía 36 cuando, previa presentación de Junan, fue nombrado preceptor de Tsunatoyo (1662-1712), de los Tokugawa de Kofu.
Y cuando éste subió al poder como 6.° «shogun», adoptando el nombre de Tokugawa Ienobu (1709-12), Arai fue consejero suyo muy apreciado en todas las cuestiones de política interior. Intervino también en una famosa reforma monetaria, por lo que su nombre tiene una gran importancia en la historia del Japón, en este aspecto. Muerto Ienobu (1712), su sucesor Yoshimune (1716- 45) prescindió de sus servicios, y entonces decidió abandonar la vida política para dedicarse por completo a sus estudios. Pertenece Arai al grupo de sinólogos japoneses «kangakusha», cultivadores del racionalismo de Chu Hsi, que estuvieron en gran auge bajo el régimen de los Tokugawa, los cuales protegieron y adoptaron sus doctrinas como filosofía del Estado. No mostró, sin embargo, la ciega intemperancia de muchos de ellos, sino que en la mayor parte de las ocasiones mostró gran equilibrio y tolerancia.
Hombre de talento y de vasta cultura, escribió sobre los temas más dispares. Trató problemas de historia, de política, de geografía, de filología, de economía, etc.; escribió unas 300 obras, la mayor parte de las cuales han quedado inéditas. Además, mientras los «kangakusha» escribieron en chino, él fue de los pocos que utilizaron preferentemente su propia lengua; sus obras (v. Hankampu, Ori-taku- shiba no ki, Seiyō Kibun, Tokushi Yoron) están escritas en un estilo llano y accesible.
Y. Kawamura

