Nacido en Nagyszalonta el 2 de marzo de 1817, m. en Budapest el 22 de octubre de 1882. Poeta húngaro que, junto con Mihály Vörösmarty y Sandor Petöfi, compone el glorioso triunvirato de la poesía magiar del siglo XIX, último de los diez hijos de una pobre familia campesina, estudió de 1823 a 1833 en su ciudad natal, demostrando precoces dotes artísticas.
A los 18 años tradujo algunos cantos de la Eneida; a continuación intentaba la pintura, la escultura y la composición musical, e impulsado por la miseria, que no le permitía la continuación de los estudios, probaba fortuna en la carrera de autor.
Deprimido y desilusionado por los fracasos, aceptó en 1839 un puesto de escribano en el Ayuntamiento de Nagyszalonta y, cuando ascendió al cargo de vicesecretario, a los 23 años, se casó, renunciando sin amargura a sus ambiciones juveniles.
Sobrio, prudente, contemplativo y escéptico por naturaleza, cedía con dificultad a los raros y repentinos estímulos de su ingenio, trabajaba poco y, en 1845, cuando todo el país se encontraba preso de la euforia renacentista, se dio a conocer con un poema satírico (La Constitución perdida), en el que se representaba la lucha entre conservadores y liberales como una batracomiomaquia.
No participó en la preparación espiritual de la revolución, pues apenas rozó la atmósfera ardiente de la guerra de independencia y, después de la derrota de 1849, en Los zíngaros de Nagyida (v.) se burló de los defectos nacionales, causa fundamental de la catástrofe.
Su primera obra maestra, ganadora de un premio de la Sociedad Kisfaludy y recibida con admiración por Petöfi, fue la narración poética Toldi (v.). La estimulante acogida que se hizo a esta obra, y su nuevo cargo de profesor en el Instituto de Nagyskörös, dieron durante muchos años un feliz impulso a su actividad.
Además de varios poemitas épicos (v. Esteban el Loco), escribió en aquel fecundo período La noche de Toldi (v. Toldi) y la mayor parte de sus Bala- das (v.), concibió el proyecto de una trilogía que habría debido comprender todo el ciclo de las leyendas hunas, e inició El amor de Toldi (v. Toldi), que, llevado a término poco antes de la muerte del poeta, constituyó la parte media de la epopeya del legendario héroe de los tiempos de Luis el Grande.
El primer Toldi estaba todavía subordinado al programa «popular» de Petöfi; pero ya en La noche de Toldi escasean los motivos populares, los cuales desaparecen por completo en La muerte de Buda (v.), obra que señala el ápice artístico de Arany En 1860, el poeta, ahora célebre, fue nombrado director de la Sociedad Kisfaludy y se trasladó a Budapest, donde durante algún tiempo dirigió revistas literarias y desde 1865 a 1879 actuó de secretario de la Academia de Ciencias.
La pérdida de su adorada hija, las frecuentes crisis morbosas, la excesiva sensibilidad con que reaccionaba ante cualquier fricción de la vida cotidiana y, en fin, una grave enfermedad relajaron rápidamente sus fuerzas creadoras. Escribía poco y desordenadamente, se consumía ante el número cada vez mayor de composiciones incompletas, y constituyó verdaderamente un prodigio el repentino despertar de su estro poético, a la edad de 62 años.
En este breve período de segundo florecimiento, dio la última mano a El amor de Toldi, escribió algunas de sus más bellas baladas y se entregó a la poesía lírica. A estas poesías frescas y serenas, pese a su aspecto otoñal, les corresponde en la historia de la lírica húngara un puesto no menos distinguido que el ocupado por la épica de Arany, cuyo arte determinó durante más de medio siglo el espíritu y las formas de las letras húngaras.
E. Várady

