Nacido en Alejandría a finales del siglo I d. de C. Después de haber seguido un curso de abogacía, ejerció esta profesión en Egipto.
Más tarde, en tiempos de Adriano (117-138), se trasladó a Roma, donde, obtenida la ciudadanía romana, entró en la administración del Imperio. Al subir al solio Antonino Pío (138-161), obtuvo del emperador el ambicionado cargo de procurador imperial, gracias a una carta que escribió a su amigo Frontón, al que envió como regalo algunos esclavos.
Bajo Marco Aurelio (161-180) fue nombrado abogado del fisco, aunque era ya viejo en tiempos del emperador anterior. Su participación activa en los acontecimientos de su tiempo y el conocimiento de los hechos que podía obtener en las esferas oficiales de la corte, le procuraron aquel sentido político y aquella experiencia de los asuntos del Estado que revela su Historia romana (v.), en la que, en lugar de seguir el acostumbrado sistema analista, se estudian por separado los hechos relativos a cada uno de los pueblos que fueron entrando en contacto con Roma.
Apiano no es más que un compilador, pero muestra un sagaz criterio en la elección de las fuentes, por lo que nos ha dejado materiales de gran valor.

