Antoine-Frédéric Ozanam

Nació por azar en Milán el 23 de abril de 1813 y murió en Marsella el 8 de septiembre de 1853. Realizados los estudios medios en Lyon, estu­dió Leyes en París, licenciándose en 1836; dos años después obtenía, también en París, la licenciatura en Letras, y se entregaba luego a la enseñanza. Profesor por breve tiempo de Derecho en Lyon, «agrégé» en la Sorbona en 1840, profesor en el colegio Stanislas de París, sucedió en 1845 a Fauriel (v.) en la cátedra de Literaturas extran­jeras. A tales actividades se unen de un modo directo los repetidos viajes al extran­jero, a Alemania (1841), a Inglaterra (1850- 51), a España, y en particular a Italia (1841, 1846-47, 1852-53); y asimismo, entre otros, los importantes estudios sobre la civi­lización cultural y religiosa italiana durante el siglo XIII: Dante et la philosophie ca­tholique au XIIIe siècle (1839), Les poètes franciscains en Italie au treizième siècle (1852), Las escuelas y la instrucción italia­nas en la Edad Media (v.), parte de los Documentos inéditos para la historia de Ita­lia desde el siglo VIII hasta el XIII (1850), en los que Ozanam tuvo el mérito de publicar por primera vez obras de escritores hasta entonces inéditos (Bonvesin de la Riva, L’Intelligenza, etc.).

Dignas de recuerdo son, además, siempre en la misma línea de estu­dios: Études germaniques (1847-49) y Pèle­rinage au pays du Cid (1854). Ozanam es una de las más simpáticas figuras del grupo de católicos laicos que en la primera mitad del siglo XIX se esforzaron de un modo activo en que la Iglesia recobrara su puesto en la sociedad surgida de la Revolución. En Paris (1831-36), en el generoso clima intelectual suscitado por Lacordaire (v.) y por Lamennais (v.), frecuentó los círculos en los que la juventud francesa meditaba cristianamente sobre los problemas de su tiempo. Y su programa, como él mismo decía (v. Cartas), se condensaba en las dos palabras «verdad y caridad». Es decir, de­fender la verdad de Cristo contra sus enemigos publicando estudios aclaratorios sobre el origen de la Iglesia, sobre el espíritu franciscano; estudios —incluidos nu­merosos artículos — puestos al servicio de _a tesis de que la cultura occidental será desarrollado en el seno del cristianismo defender la caridad de Cristo, lo cual significaba ir al encuentro de los pobres, de ‘as desheredados, con la mano tendida en un gesto de afecto fraternal; programa que tuvo concreta realización en las «Confe­rencias de San Vicente de Paúl» (1833), de las que Ozanam fue el incomparable animador.

Por este doble apostolado, por su breve, pero intensa vida, por la luminosa irradiación de su alma, casi sublimada en la viva pre­sencia de Dios, ya sus contemporáneos ha­blaban de él como de un santo; anticipación de un juicio que indudablemente la Iglesia no tardará en confirmar oficialmente.

D. Rops