Andreas Ghyphius

Nació el 2 de octubre de 1616 en Glogau (Silesia), donde murió el 16 de julio de 1664. Es una de las figuras centrales del barroco literario alemán. Su niñez penosa, una salud precaria y las cala­midades de la guerra imprimieron en su carácter una tristeza que no le abandonó jamás. En sus sonetos, odas, discursos fúnebres y tragedias, la fugacidad y la vanidad de todo lo terreno, grandes temas del siglo barroco, alcanzaron su más elocuente ex­presión. G. se dio a conocer ya a los dieci­ocho años con un pequeño poema en latín sobre Herodes y la matanza de los Inocen­tes.

En Danzig, a donde se dirigió poco después a fin de continuar más tranquila­mente los estudios, publicó sus primeras poesías. En 1639 aparecieron en Leyden, po­blación en cuya Universidad estudiaba y en la que, además, enseñaba las materias más distintas, desde la Filosofía hasta la dra­maturgia y la quiromancia, los Sonetos do­minicales y festivos (v. Poesías), pomposamente dramáticos; ávido de ciencia, pudo satisfacer plenamente esta ambición en aquel gran centro de humanismo holandés. Muy pronto se interesó por el teatro clasicista de Hooft, Vondel y Vos. En París conoció el de Corneille y en Italia la «commedia dell’arte» y el drama musical. En Florencia entregó a la prensa (1646) un nuevo poema latino, Olivetum (v.), que presentó en Venecia al Consejo de la República; ya antes, siguien­do el ejemplo italiano de Las lágrimas de San Pedro (v.), de Tansillo, había trazado en una serie de cantos una rápida historia de la Pasión de Cristo (Tráhnen uber das Leiden Jesu Christi).

De regreso, en Estras­burgo, escribió su primera tragedia, Leo Armenius, en la que la aflicción por la caducidad de las cosas humanas, que tan tene­brosa hacía su lírica, ampliábase en el juego de fantasmas históricos. Nuevamente en la patria, desempeñó en ella hasta su muerte importantes cargos públicos; además, llevó a la escena el drama de una reina mártir, Catalina de Georgia (1647, v.), al que siguie­ron Carlos Estuardo (1649, v.), representa­ción dramática de un episodio de la histo­ria inglesa reciente, y Papinianus (1659). En todas estas obras el paciente héroe vence, con su constancia, las veleidades de la fortuna, y paga estoicamente su triunfo con la vida; Catalina resulta mártir de la fe, como Carlos Estuardo lo es del ideal monár­quico y Papiniano del de la justicia: se trata de verdaderas anticipaciones, pertenecientes al siglo estoico-religioso, de los hé­roes de Schiller, que pagan con la muerte el triunfo de sus ideales. Carácter singular presenta Cárdenlo y Celinda (1647, v.), obra inspirada en un cuento difundido por Italia, tragedia de ambiente burgués y estudiantil grata a los románticos Arnim e Immermann, quienes trataron el tema en su época.

En la escena trágica, G. aparece también moralis­ta elegiaco. No desmintió tampoco el autor su gravedad en algunas comedias: Absurda cómica (v.), refundición de El sueño de una noche de verano (v.), de Shakespeare; Horribüicribrijax (v.), moderno Miles gloriosus; y Milagros del amor fiel [Wunder treuer Liebe], en la que la vanidad humana aparece como necia presunción y es satiri­zada por el sabio prudente. En La dilecta Dornrose [Geliebte Dornrose] ofrece un agradable esbozo de la vida campesina.

L. Vincenti