Aleksandr Porfir’evitch Borodin

Nació el 31 de octubre de 1833 en San Petersburgo, murió en la misma capital el 15 de febrero de 1887. Fue tan excelente científico como com­positor muy dotado y no quiso nunca deci­dirse por una de las dos actividades.

Hijo natural de un príncipe georgiano, disfrutó de una infancia acomodada, que le permitió tempranamente dedicarse a la ejecución mu­sical y a las artes del contrapunto y la com­posición. Sin embargo, se inscribió en la Academia de Medicina y de Cirugía en 1850, y en pocos años se convirtió en un estu­dioso de reconocido mérito, especialmente en el campo de la química orgánica, obte­niendo la cátedra universitaria en 1864.

Por el contrario, era un aficionado en música cuando, en 1862, ingresó, por mediación de Musorgsky, en el círculo de Balakirev y aceptó su dirección. Pero su natural talento y cierto espíritu reflexivo, cultivado en los otros estudios, le permitieron señalarse pron­tamente como artista original y técnicamen­te sólido.

Su indolencia temperamental y el escaso tiempo que le dejaban sus demás actividades se unieron para restringir el número de sus trabajos, sin que por ello quedara perjudicada su calidad. Siguiendo las predilecciones del grupo de «los cinco», probó ante todo fortuna en el campo tea­tral.

Proyectó poner música a un libreto sacado de la tragedia de Mej La esposa del Zar, pero lo abandonó para dar a la escena, bajo el velo del anónimo, la ópera burlesca El valiente (Bogatyr), con libreto de Krylov.

Representada en el teatro Bolsoj de Moscú el 6 de noviembre de 1867, la ópera constituyó un fracaso, al que se han opues­to los juicios de autorizados críticos rusos cuando recientemente ha sido identificado el nombre del autor: al lado de ingeniosas parodias del repertorio en boga, pueden reconocerse en la misma otras partes dota­das de un humorismo feliz y estrictamente borodiano. Mientras tanto, Borodin había ido com­poniendo la 1.a Sinfonía en mi bemol ma­yor, que ejecutada públicamente en 1869 constituyó su bautismo artístico y fue el comienzo del camino tardo, discontinuo y sin embargo fructífero de su creación.

La colección de composiciones líricas, que ejer­cieron influencia incluso sobre el impresio­nismo francés, los dos Cuartetos (v. Cuar­teto), las Sinfonías (la segunda ejecutada en 1880 y una tercera que quedó esbozada), el boceto sinfónico En las estepas del Asia central (v.) constituyen otros tantos testimonios de una logradísima absorción de los caracteres étnicos en claras y sólidas estruc­turas sonoras, apoyadas por una cálida fan­tasía.

No es menos original su lograda ópera El príncipe Igor (v. Canto de Igor) iniciada en 1868, continuada y abandonada innume­rables veces, para quedar incompleta cuan­do un síncope truncó de improviso la vida del científico-músico.

El arte más lírico que dramático de Borodin, subrayado por su fidelidad a los esquemas tradicionales de la ópera de fragmentos sin relación, evoca en El príncipe Igor la legendaria gesta de la más antigua epopeya nacional, a la vivida luz de una bárbara edad feliz que resonará lar­gamente entre los compositores rusos, has­ta Stravinsky.

E. Zanetti