Alceo

En contra de la cronología re­ciente, defendida — sobre la base de un pasaje muy discutible de Herodoto— por Beloch, quien situó la biografía del poeta en el tiempo de los Pisistrátidas, la crítica más reciente vuelve a afirmar la veracidad de los numerosos testimonios de la tradi­ción, colocando su vida entre la segunda mitad del siglo VII y la primera del VI a. de C.

Nació en Mitilene, ciudad de la isla de Lesbos (inseguro el año de nacimiento, 630?), y fue contemporáneo de Safo. Su origen aristocrático y su temperamento vi­ril y apasionado le mezclaron pronto en las discordias políticas que, con la definitiva caída de los Pentílidas, agitaron Mitilene hasta el advenimiento de Pitaco al poder.

El gobierno de la ciudad era disputado por «clanes» de nobles representados por un jefe; primero Melancro, después Mirsilo (del linaje de los Cleanátides) se sucedieron en el poder, y ambos encontraron la muerte a manos de facciones enemigas.

La tem­prana edad de Alceo le impidió participar en el 612 en la conjura contra Melancro; to­maron parte en ella, dirigidos por Pitaco, sus hermanos Antiménides y Cices. La gue­rra por la conquista del Sigeo, llevada a cabo, poco después de la muerte de Melan­cro, por los de Mitilene contra los atenien­ses, lo tuvo como actor, al lado de Pitaco.

Desgraciado combatiente, se vio obligado a abandonar el escudo en manos de los ene­migos, como recordó él mismo en un poe­ma en el que anunciaba lacónicamente a su amigo Melanipo que había salvado la vida.

Sobre los episodios políticos que se produjeron a continuación nos ilustran sus Poemas revolucionarios y, a veces, sus Poe­sías convivales, de modo especial los poe­mas con los antiguos escolios encontrados en los últimos papiros de Ossirinco (v. Odas).

Pero su carácter fragmentario sólo raramente permite determinar con seguri­dad la sucesión y el significado político de los acontecimientos en que el poeta parti­cipó. Añádase a ello que la alusión a un determinado episodio es casi siempre muy indirecta y que de la acción política pocas veces quedan reflejados más que los senti­mientos que determinaron la intervención de Alceo en la lucha o los resultados buenos o malos de ésta; la cólera, el sarcasmo, el odio partidista, la alegría por una empresa afortunada o el amargo dolor por el fracaso o el destierro.

La «tiranía» de Mirsilo que sucedió, acaso inmediatamente, a la de Me­lancro, encontró en él a un fuerte opo­nente. Al período en que se perfilaba ya la amenaza del nuevo gobierno pertenece un grupo de poemas que en la imagen de la nave agitada por el mar tempestuoso repre­sentan alegóricamente el gobierno de Miti­lene.

Descubierta por Mirsilo la conjura, de la que el poeta había sido promotor, fue obligado a huir desterrado a Pirra, pequeña ciudad de la isla de Lesbos. A este primer destierro pertenecen muy probablemente dos interesantísimos poemas, el primero de los cuales es una agresiva y amarga invec­tiva contra Pitaco, traidor y perjuro; el se­gundo, el canto del desterrado resignado a vivir una vida inactiva lejos de su patria y de sus conciudadanos «que se hacen daño mutuamente».

Evidentemente, Pitaco, que primeramente se había unido al bando de Alceo, lo traicionó luego pasándose de impro­viso al de los Cleanátides. Muy dudosa es una estancia suya en la Tracia y en Lidia, donde habría pasado parte de su segundo destierro, con el cual hay que enlazar casi con toda seguridad su viaje a Egipto, viaje que debió coincidir con el destierro de Safo a Sicilia.

En 590, cuando Pitaco, por voluntad unánime del «demos», fue elegido dictador de Mitilene, Alceo estaba con toda seguridad alejado de la patria: lo prueba un fragmento que constituye una invectiva contra su rival, contra sus conciudadanos y contra la ciudad toda, «inerte y desventurada».

Pero pronto la clemencia de Pitaco debía finalmente librarlo de la desdicha del exilio: su adversario, después de haberlo hecho cautivo, le devolvió la libertad, ad­virtiéndole que «el perdón vale más que la venganza». Ignoramos el año de la muer­te y los últimos incidentes de su vida.

Sin embargo, del fragmento: «derrama el bál­samo sobre la cabeza que ha sufrido mu­cho y sobre el anciano pecho», puede dedu­cirse fácilmente que sobrepasó la vida me­dia y que pasó los últimos años de su vida en medio de la serena alegría de los ban­quetes, olvidado de los rencores y de las aversiones del hombre partidista y de los muchos sufrimientos y desventuras que ins­piraron su musa.

B. Gentili