Pertenecía a la tribu de Hatim el Tai y fue conocido por Abenarabi, y por los sobrenombres de Mohidin (vivificador de la religión), El Xeij el Acbar (El doctor Máximo) y Aben Alfatún (El hijo de Platón); n. en la ciudad de Murcia el 17 de Ramadán del año 560 de la hégira (28-VII- 1164), remando en Murcia y Valencia Aben Mordaix, príncipe independiente de la autoridad de los Almohades; m. en Damasco en 638 (16-XI-1240).
Miembro de una familia extremadamente religiosa, rica y noble, que al caer Murcia en poder de los almohades tuvo que huir a Sevilla, Abenarabi fue educado desde su más tierna infancia en un ambiente de exagerado misticismo, pese a lo cual, parece que en su primera juventud se apartó un tanto de las doctrinas del Profeta y se dedicó de lleno a la literatura en sí, y a la caza por tierras de Carmona y Palma del Río con los caballos y los criados de su padre.
En su vejez recordará con pena aquellos años perdidos tras los bienes terrenales. Su nobleza de sangre y vasta cultura le proporcionaron, muy joven todavía, el cargo de secretario del gobierno de Sevilla; y a poco casó con Mariana, una piadosa mujer de la familia de los Beni Abdūn, de Bugía, cuyos ejemplos y súplicas, unidas a la de su devota madre, comenzaron a ejercer en Abenarabi un cambio de vida que determinó finalmente una pavorosa visión del infierno que tuvo con ocasión de las altas fiebres padecidas con motivo de una grave enfermedad.
Más adelante, en 580 (1184), o sea cuando contaba sólo veinte años de edad, murió su padre, y aquel golpe acabó de resolver la crisis espiritual de Abenarabi, que hizo profesión de sufi. Averroes quiso conocerlo atraído por su fama de místico, y el famoso sufi, Musa el Baidarani, que gozaba del don de la bilocación, se trasladó a Sevilla con igual motivo (586 = 1190). Abuabdala b. Al-muchalid y Abuabdala b.
Caisum le enseñaron el examen de los pensamientos. Pero pronto dejó a sus maestros para retirarse a los cementerios, donde pasaba las horas meditando entre las tumbas. Parece ser que fue Abulabás el Oryaní, con su escuela ascético-mística, quien más influyó en la formación de Abenarabi. Dejando éste todas sus riquezas, fue a vivir a una choza de cañas levantada por él mismo; y a poco, emprendió su largo peregrinaje sufi por Andalucía, Marruecos, Bugía y Túnez, donde tuvo sus primeras visiones y transportes, y escribió Inxá.
Pasó luego a La Meca, donde compuso Turchumav,, Mixcat, Hilyat y Al-Dorra. Se trasladó a Bagdad, y de allí a Mosul, donde tomó el hábito de jádir. En Egipto, de donde hubo de huir, fue acusado de panteísmo, y se trasladó a Conia, donde conoció a Caucaus, a quien profetizó que conquistaría Antioquía. Regresó a La Meca, donde escribiría Dzajair; por fin fue a Alepo, donde sucesivamente fue privado de los sultanes Baibar y Xircuh.
El riguroso ascetismo en que vivió desde su juventud y el esfuerzo que representó escribir las 400 obras que sus biógrafos le atribuyen, quebrantaron su salud. Con todo, ya octogenario escribió Fosús al-Hicam [Piedras preciosas], donde analiza con fineza los estados psicológicos del místico. Murió en casa de su protector Benazaqui. Le sobrevivieron dos hijos y una hija. Sus principales obras son Futūhāt al-makkiyyāt (v.) y Risālat al-quds (v.).
J. R. Mantent

