Abel Hermant

Nació el 3 de febrero de 1862 en París, donde murió en 1950. Abandonó pronto los estudios de la Escuela Normal para consagrarse a la Literatura, en la que probó suerte con un volumen de versos (Les Mépris, 1883); publicó luego varias novelas naturalistas al estilo de Zola, y obtuvo so­bre todo éxitos de escándalo. Monsieur Rabosson (1884) fue un retrato caricaturesco del mundo universitario, Le cavalier Miserey (1887) del ejército, Nathalie Madoré (1888), un análisis audaz del ambiente de la prostitución y La Surintendant (1889) un estudio sobre la burguesía burocrática.

Hermant pasó luego a la fórmula psicológica de Bourget con los cuentos de Coeur à part (1890) y las novelas Amour de tête (1890) y Ser­gio (1891, v.). En 1895 apareció la narración Eddy et Paty, delicado idilio. Mientras tan­to, Les confidences d’une aïeule (1893) ha­bía revelado una actitud más personal, manifestada con una claridad creciente en La carrière (1894), Le sceptre (1896) y, sobre todo, Le frisson de Paris (1895), que inició la importante serie de las crónicas irónicas de la vida contemporánea titulada Mémoi­res pour servir à l’histoire de la société. Entre las novelas de la «vida cosmopolita» destacan Les transatlantiques (1897). Sou­venirs du vicomte de Courpière (1901), Les trains de luxe (1908) y otras obras suce­sivas acerca del mismo protagonista ofre­cen, con M. de Courpière, la mejor crea­ción de H. De 1909 es Las confidencias de una mujerzuela (v.).

Tras la primera Gue­rra Mundial inició un ciclo de tres novelas (D’une guerre à Vautre, 1919-21) y reveló una mayor amplitud de intereses morales. En 1923 apareció una obra de delicada inten­sidad: Le cycle de Lord Chélsea. H. intentó asimismo el teatro (La Meute, 1896; Le fau­bourg, 1899; etc.), pero con escaso éxito, debido al planteamiento excesivamente intelectualista de sus producciones, defecto, por lo demás, también nocivo para la popula­ridad de su obra narrativa, que, no obs­tante, sigue siendo la crónica moral más completa del período 1890-1920 en Francia.

C. Falconi