Nacido el 7 de septiembre de 1791 en Roma, donde m. el 21 de diciembre de 1863. Al proclamar la República en la capital (1798) los franceses, que fusilaron un pariente de su madre, ésta huyó con su hijo a Nápoles.
Vuelto a Roma Pío VII, la familia pudo reunirse otra vez, y el padre, que Belli nos describe muy severo con él, obtuvo un lucrativo cargo en el puerto de Civitavecchia. A su muerte, ocurrida en 1803 a causa de una epidemia, la esposa y los hijos quedaron reducidos a la miseria.
Tres años después murió la madre, y el futuro escritor fue recogido por un tío paterno, de posición acomodada, que le procuró un empleo. Poco es lo que se conoce de este período de su vida, que el mismo autor afirma haber querido borrar.
Ingresado en los círculos literarios, funda en 1813, junto con otros, la Academia Tiberina, en la que da frecuentes lecturas de sus composiciones poéticas.
Conocía el francés y el inglés, e interesábase también por los temas científicos, acerca de los cuales escribió numerosas «disertaciones». Se enamoró de él María Conti, rica viuda del conde Pichi, que le obtuvo un buen empleo y con la cual casóse el poeta en secreto en 1816.
Este matrimonio le aseguró un período de vida acomodada y tranquila durante el cual compuso la mayoría de los Sonetos romanceros (v.). Recorre el país, y su espíritu se abre a las tendencias del «Risorgimento».
En 1828 abandona la Academia, y dos años después inicia impetuosamente el gran poema dialectal de Roma: casi dos mil sonetos compuso durante el período 1830-36. El declive de Belli coincide con la muerte de su esposa (1837).
En su testamento de este mismo año el autor dispuso la destrucción de sus Sonetos. Mientras tanto, había trabado amistad con monseñor Tizzani, profesor universitario de teología, quien le exhortó a ingresar de nuevo en la Academia Tiberina; así lo hizo en 1838.
Por todo ello, empieza a perfilarse una aproximación de Belli a la Iglesia, facilitada por Tizzani; en 1841 el poeta es admitido nuevamente a trabajar en la administración pontificia, y en 1842 se le nombra jefe de la correspondencia.
Tres años después, a causa de su maltrecha salud, el mismo Papa ordena que se le jubile con una buena pensión. Durante el período 1843-47, y coincidiendo con una nueva etapa de tranquilidad espiritual, la producción literaria de Belli conoce otro auge.
Sin embargo, tras la proclamación de la República romana, su musa dialectal calló para siempre. A excepción de uno dirigido a la actriz Amalia Bettini y aparecido en un periódico, ninguno de los sonetos del autor en el dialecto de Roma vio la luz durante su vida.
En los últimos años de .ésta el poeta vivió preocupado por la obsesión del mal que pudieran causar a su amado hijo Ciro tales poesías, entregadas para su destrucción a monseñor Tizzani, quien se guardó muy bien de cumplir el encargo.
G. Vigolo
