Nació en Nogent-le-Rotrou en 1528 y m. en París en 1577. Condiscípulo de Ronsard, Du Bellay, Baif, Jodelle y Turnébe en el colegio de Coqueret, fue luego preceptor del marqués de Elbeuf, a quien siguió en 1557 en la expedición a Nápoles.
Cuando Du Bellay lanzó el famoso manifiesto en el que aparecían los principios de La Pléyade, contaba veintiún años; era, pues, el más joven de los poetas de la escuela, y fue también el predilecto de Ronsard, quien le dedicó la Élégie á Remy Belleau Su delicadeza y su modestia le atrajeron la simpatía no solamente de los amigos, sino también de soberanos como Enrique II y Carlos IX, de quienes fue lector, y Enrique III, al que dedicó los Échanges de fierres précieuses.
Esta obra y los Nouveaux échanges (v. Los amores y nuevas metamorfosis de las piedras preciosas) son los textos más típicos de su producción, y revelan su sensibilidad respecto a la naturaleza y, singularmente, a todos sus pequeños seres.
Tal se había manifestado asimismo en Petites inventions, obra con la cual empezó a destacar en 1557 y que le vincula al simbolismo de los Bestiarios y Lapidarios medievales. Compuso también poesías bucólicas (v. La pastoral) y una novela, La reconnue (1566).
De notable gusto Son sus traducciones del Cantar de los cantares, de Arato (los Fenómenos y los Pronósticos) y de Anacreonte; en este aspecto su obra maestra es la versión de las Anacreónticas.
C. Falconi

