Isla sin Aurora, Azorín

Libro del gran es­critor español «Azorín» (1874-1967). Toda la obra de este autor insiste, delicada y transidamente, en un tema harto caro a la hu­manidad: el tiempo, alrededor del tiempo, las cosas; las cosas que pasan y pasan sin cesar, participando del tiempo y enajenán­dosele. Este libro, publicado en 1944, tiene por protagonistas simultáneos a un poeta, novelista y autor dramático; en realidad, tres personas reunidas en el propio Azorín que a lo largo de su propio tiempo han ido manifestándosenos en multitud de páginas. En las de Isla sin aurora, las «cosas» que constituyen el mundo, que nos ayudan a manifestarnos ante el mundo, van desfilando suave y mansamente. No hay que perder de vista, sin embargo, que semejante manse­dumbre encierra el dramático preguntarse del hombre ante lo que tiene delante y no sabe a ciencia cierta cómo llamar, reconocer y olvidar luego. Todo es y no es, en el tiem­po azoriniano, como un vasto proceso que reabsorbe sus propias ecuaciones de vida- muerte-eternidad, con la más dulce sonrisa. El color, el olor, la refulgente presencia del mar de las civilizaciones… Cuartillas blan­cas para el poeta, novelista, autor dramá­tico, a fin de que en ellas intente dejar constancia de lo fugitivo, de lo inapresable. Isla sin aurora es una lección suprema de literatura y de sensibilidad. No se resuelve nada, todo se enuncia. Y el lector, conmovidamente entumecido por el fluir y refluir de las palabras capitales, despierta cuando se encuentra invadido por el propio en­sueño.

C. Conde

La Isla Sonante, François Rabelais

[L’isle sonnante]. Es el título de una parte del quinto libro de la novela de François Rabelais (1494- 1553) (v. Gargantua), publicada póstuma en 1562; se discute que sea totalmente obra genuina de Rabelais. En ella se describe, dentro de un episodio de la gran navegación de Pantagruel y de sus compañeros, una isla imaginaria, cercana al polo, que se anun­cia de lejos por un estruendo de campanas de todas clases: sátira evidente de la Igle­sia católica. El título fue usado por Virgilio Brocchi (L’isola sonante, 1911), primera no­vela de una tetralogía que se publicó con el mismo nombre.

F. Neri

La Isla Felsenburg, Johann Gottfried Schnabel

[Insel Felsenburg]. Es la más famosa novela (publicado el primer volumen en 1731 y los tres suce­sivos en 1732, 1737 y 1743, respectivamente) de Johann Gottfried Schnabel (pseudónimo Gisander: nacido en Sandersdorf, junto a Bitterfeld, el 7 de noviembre de 1692 y fa­llecido después del 1750), y la mejor «robinsonada» alemana, o sea imitación del Robinson Crusoe (v.) de Daniel Defoe. Lo mismo que en la novela inglesa, así también en esta imitación de Schnabel se narra la historia de un hombre que deja el viejo mundo para ir a una isla idílica a empezar una nueva vida.

La novela se divide en cuatro libros. En el primero el sajón Albertus Julius abandona alemania asolada por la guerra de los Treinta Años; durante la navegación naufraga y, junto con una mujer encinta, la viuda Concordia — después que su marido Leuven ha sido asesinado por el pérfido Lemerrie —, se encuentran solos en la isla Felsenburg, «paraíso terrestre». Albertus Julius y Concordia se convierten en los fundadores de una familia que, junto con otros náufragos que más tarde van- lle­gando, viven una vida patriarcal y cris­tiana en un estado ideal de paz. Dos Biblias salvadas del naufragio se convierten en el código de una forma pietista de cristianismo primitivo del amor. El segundo libro narra las aventuras de los que van llegando se­paradamente: eclesiásticos, soldados y obre­ros, que con la narración de sus casos dan un cuadro de la Europa a principios del siglo XVIII y la oponen a esta paz para­disíaca que domina en la isla de Felsenburg. El tercer libro discute verbosamente cues­tiones religiosas y se pierde en largas y extrañas fantasmagorías. En el cuarto, los ermitaños de Felsenburg se ven obligados a hacer la guerra contra los portugueses.

Pero el número de los episodios — empe­zando por el viaje del biznieto de Julius, Eberhard, que proporciona el marco a la novela — es casi incalculable. En medio del idilio, en el que las monas domesticadas sir­ven la mesa, el autor entrelaza por todas partes narraciones y aventuras. Y la fusión del idilio con las descripciones realistas y con la utopía dan a la obra un interés incluso desde el punto de vista de la his­toria de las costumbres. Se puede y es lícito afirmar que la Isla Felsenburg representa, en su estructura narrativa una continuación de El aventurero Simplex Simplicissimus (v.) de Grimmelshausen, del cual conserva incluso el aparato técnico, con milagros y sortilegios. El artificio de los medios artís­ticos y del idioma están, por lo demás, en abierto contraste con los ideales de simpli­cidad y con el estado de naturaleza que son predicados en toda la novela. La pri­mera parte de la obra, ya sea por invención o bien por intuición de caracteres, o bien por léxico, es en mucho superior a las demás, que van disminuyendo progresiva­mente de valor.

El título actual le fue dado por Ludwig Tieck, que publicó la obra en 1827, mientras que el título original de­cía así: «Wunderliche Fata einiger Seefah­rer, absonderlich Alberti Julii, eines geborenen Sachsen, welcher in seinem acht­zehnten Jahre zu Schiff gegangen, durch Schiffbruch selbvierte an eine grausame Klippe geworfen worden, nach deren Uber­steigung das schönste Land entdeckt, sich daselbst mit seiner Gefährtin verheiratet, aus solcher Ehe eine Familie von mehr als 300 Seelen erzeuget…» [Aventuras ad­mirables de algunos navegantes y espe­cialmente de Alberto Julio, sajón de naci­miento, quien, habiéndose embarcado a los 18 años, fue arrojado, con otros tres compa­ñeros, sobre una roca peligrosa más allá de la cual descubre la más hermosa tierra, y ya en ella, casado con su compañera, de este matrimonio engendra una familia de más de 300 almas…]. Tieck reeditó la no­vela en 1828, pero ya cuatro años antes se había inspirado en ella Oehlenschláger en sus «Islas del mar del Sur» (1824).

M. Pensa

Islamey, Milij Alekseevič Balakirev

Fantasía oriental para piano, de Milij Alekseevič Balakirev (1837-1910), originada por el espíritu de aquella reforma efectuada en Rusia por el grupo de los «Cinco», que proponían desprenderse de las formas ya gastadas de la música occi­dental europea y sustituir sus elementos melódicos, armónicos y rítmicos, por los más primitivos y espontáneos de la típica música popular y de la cual fue Balakirev el más activo impulsor. Aquella escuela se inspiró principalmente en los cantos popu­lares del pueblo ruso, pero también recu­rrió al folklore español, checo y oriental. Junto a composiciones análogas de otros músicos del grupo — como, por ejemplo: En las estepas del Asia central (v.), de Borodin o las danzas persas de Khovanscina (v.), de Musorgskij — ésta de Balakirev resulta inferior en cuanto a valor artístico intrín­seco. Compuesta de dos series de cantos publicados entre 1857 y 1896, se desarrolla en diversos movimientos que se suceden sin interrupción («Allegro agitato», «An­dantino expresivo», «Allegro», «Presto fu­rioso»), y está basada casi exclusivamente (exceptuando el «andantino») sobre un tema único, propuesto al comienzo, que reaparece después con modificaciones rítmicas y armónicas. El color oriental es dado precisamente por la fisonomía meló­dica de este tema, mientras su técnica pia­nística recuerda mucho a la de Liszt. Es una pieza de mucho virtuosismo y de notable efecto, y es ejecutada a menudo por los concertistas.

M. Dona

La Isla Misteriosa, Jules Verne

[L’ile mystérieuse]. Novela de aventuras de Jules Verne (1828-1905), publicada en 1874, tercera de la trilogía iniciada con Los hijos del ca­pitán Grant (v.) y Veinte mil leguas de viaje submarino (v.).

Unos prisioneros de los sudistas, durante la guerra de secesión de América, consiguen evadirse y apode­rarse de un globo en el cual huyen. Sobre el océano, el globo es embestido por una tromba marina, y los aeronautas son arro­jados a la playa de una isla desconocida. Desprovistos de toda clase de ayuda, cinco compañeros (el ingeniero Cyrus Smith, Gedeón Spillet, el negro Nab, el marinero Pencroff y el jovencito Habert) meditan los medios más ingeniosos para hacer frente a la situación. La isla, bautizada con el nombre de Lincoln, ofrece insospechados y admirables medios de vida. Indudable­mente hay alguien que socorre generosa­mente a los cinco náufragos y les ayuda, mediante un mensaje, a encontrar incluso al famoso Ayrton, el ex condenado a tra­bajos forzados que lord Glenarvan (v. Los hijos del capitán Grant) había abandonado como castigo en una isla vecina, y que los náufragos consiguen salvar.

Finalmente, una exploración les revela el misterio que más les apasiona: el famoso «Nautilus» del capitán Nemo se ha refugiado desde hace algún tiempo en aquellos parajes. Los náu­fragos encuentran al viejo marino y llegan a tiempo para asistir a su muerte. Con la ayuda del capitán Nemo incluso pueden volver a su patria llevándose a Ayrton. La novela, sin duda alguna, está inspirada en el Robinson Crusoe (v.) de Defoe; pero si Robinson ante la naturaleza es sobre todo el representante de la humanidad pensante, estos cinco náufragos son la expresión de la humanidad sabia y científica. Con ellos, la civilización, fundamentada conjuntamente sobre la ciencia y la moral, encuentra nece­sariamente su triunfo sobre las fuerzas cie­gas de la naturaleza, y desde este punto de vista la obra es una de las más repre­sentativas de la mentalidad científica de la segunda mitad del siglo XIX.

A. Fabietti