[A Fair Quarrel]. Tragedia de Thomas Middleton (1570-1627) y William Rowley (1585?-1642?), cuya mejor parte fue escrita por Middleton, y que, con todo, muestra por primera vez lo que debe a su colaborador, en cuanto a la construcción y al seguro sentido del teatro.
Su trama principal (hay también otra de segundo término, que tiene mucha menos importancia) es la que da el título a la tragedia y fue llamada réplica burguesa del Hamlet (v.). El joven capitán Ager es llamado bastardo, durante una disputa con su coronel, hombre valiente pero colérico, y por el cual Ager siente gran admiración. El duelo entre ambos es ya inevitable. pero Ager no puede desafiarse sino por una causa justa. Perplejo, lleno de angustia, interroga a su madre, la cual, al ver que su hijo duda de ella, le da una bofetada. Ager se alegra de aquella indignación, manifiesta a su madre la alegría ‘que siente y le dice que ahora ya puede desafiarse con quien lo ha insultado. Entonces su madre, asustada por la idea del desafío, temiendo por la suerte de su hijo, acaba por declararse culpable. Con la muerte en el alma, Ager renuncia a desafiarse y presenta sus excusas al coronel que le llama cobarde. Ante el nuevo insulto inmerecido, el joven desenvaina la espada; ahora tiene derecho a desafiarse. Hiere al coronel, y este, creyendo hallarse a punto de morir, retira la injusta acusación lanzada en un momento de ira contra la madre de Ager. La escena entre Ager y su madre, a pesar de le retractación quizás demasiado precipitada de ella, y la del duelo, indudablemente de Middleton, aunque se perciba en la invención la eficaz ayuda de Rowley, tienen gran vigor y logran acentos poéticos de clara eficacia y una expresión directa y franca de los sentimientos.
Una fuerza natural y espontánea hace que las mejores escenas de esta tragedia cuenten entre las más memorables de todo el teatro elisabetiano. A la trama principal se añade otra acción; la del matrimonio secreto de Jane y del médico, sacado de una novela de los Hecatonmitos (v.) de G. B. Giraldi (V, 5). El desarrollo de esta segunda acción so atribuye por muchos críticos a William Rowley.
A. Camerino
Entre todos los dramaturgos elisabetinos Middleton parece el más impersonal, el más indiferente a la fama o perpetuidad personal, el mejor dispuesto, excepto Rowley, a aceptar colaboración. Es también el más variado. Diríase que sus mejores tragedias y comedias están escritas por dos hombres diferentes. (E. Jaloux)
