Rudolph Binding

Nació en Basilea el 13 de agosto de 1867 y m. en Starnberg el 4 del mismo mes de 1938. Hijo del famoso jurista Karl B. (v.), estudió también dere­cho; pero sólo por breve tiempo ejerció la carrera.

Oficial de húsares y aficionado con pasión a los caballos, ganóse la vida importando de Inglaterra ejemplares de raza. Hasta pasados los cuarenta años no se de­dicó a la literatura, actividad que inició con la traducción de La nave (v.) de D’An­nunzio.

Se le denominó Apolo en uniforme de húsar; en realidad, fue un literato aris­tocrático, un refinado estilista y un poeta culto. La primera guerra mundial sugirió otras orientaciones a su arte; y así, B. supo ver en el torbellino bélico una «nueva me­dida», un llamamiento a la realidad des­nuda (v. De la guerra).

Al aparecer el na­zismo, B. asumió su defensa y contestó a Romain Rolland (v. Respuesta de un alemán al mundo). En 1950 fueron publicadas con carácter póstumo sus cartas de amor a la mujer representada bajo el nombre de Joie en la narración El sacrificio (v.); tales tex­tos nos confirman su orientación anti-retó- rica hacia un pudor íntimo: en el juego sutil del arabesco y en la variación inte­lectual de los sentimientos, encontramos la misma atmósfera de las poesías y los mejo­res opúsculos, cual Consejos de equitación a la amada [Reitvorschrift an eine Geliebte, 1924] y Viaje sobre el Mosela por una pena de amor [Moselfahrt aus Liebeskummer, 1932]. Resulta importante su texto auto­biográfico Vida vivida (v.), y son también dignas de mención las colecciones de cuen­tos Leyendas del tiempo (v.) y El violín (véase).

V. M. Villa

Karl Binding

Nació el 4 de junio de 1841 en Francfort del Main y m. el 7 de abril de 1920 en Friburgo de Brisgovia. Hizo sus estudios en Gotinga, donde tuvo como maes­tros, entre otros, a Friedrich Mommsem.

Muy joven —en 1864—obtuvo la habilita­ción para la enseñanza universitaria en Hei­delberg con la tesis De natura inquisitionis processus criminalis Romanorum.

En 1866 fue designado para desempeñar la cá­tedra de derecho penal en Basilea. De allí pasó a Friburgo (1870), a Estrasburgo (1872) y por último a Leipzig, donde permaneció desde 1873 hasta 1913, año en que fue jubi­lado.

El nombre de Binding se halla vinculado de modo especial al primer tratado de la es­cuela penal alemana clásica, Las normas y sus violaciones [Die Normen und ihre Uebertretung, 1872 – 1920, 4 vols.], exposición del sistema basado en la doctrina del de­recho de obediencia que se arroga el Es­tado- con respecto a los individuos, derecho incoercible como tal y que se transforma necesariamente por ello en el derecho a la satisfacción bajo la forma de pena.

La pri­mera obra de Binding es El reino burgundio-romano [Das burgundisch-romanische Königreich]. Le siguen una serie de tratados sobre derecho penal, político y constitu­cional. Su obra más divulgada es el Com­pendio de derecho penal (v.).

R. Richard

Bino Binazzi

Nació en Figline Valdamo (Florencia) el 12 de noviembre de 1880 y m. en Prato el 17 de abril de 1930. En 1916 fundó y dirigió en Bolonia, con el poeta Francesco Merlano, La brigata, periódico literario de tendencias polémicas y clásicas, antecesor del romano La ronda (v.).

Fue uno de los primeros críticos que en 1913 re­velaron los Cantos órficos (v.) de Dino Cam­pana. Poeta de gusto irónico y «crepuscu­lar», publicó algunas colecciones de poe­mas y varias narraciones. En 1919 apareció El camino de la riqueza (v.), que reúne lo mejor de su poesía, varia en ritmos, rimas y asonancias, y próxima a la de Sergio Corazzini y del primer período de Pálazzeschi. Colaboró en el semanario florentino de Papini Lacerba (v.).

G. T. Rosa

Ambrose Bierce

Nació en una cabaña de Horse Cave Creek, en el condado de Meigs (Ohio), el 24 de junio de 1842, y desapare­ció en 1914, durante la guerra civil de Mé­xico.

Toda la instrucción que recibiera se redujo a la lectura de los libros de su pa­dre, campesino de Connecticut. Al estallar la guerra de Secesión alistóse en el noveno regimiento de Infantería de Indiana; com­batió en muchas batallas y se distinguió particularmente en las que tuvieron lugar al oeste del país.

Tras la contienda se le confió la administración de los bienes aban­donados y capturados en Selma (Alabama). En 1866, presentada la dimisión, marchó a San Francisco, y empezó a colaborar en los periódicos de la costa del Pacífico Argonaut y News Letter, cuya dirección no tardó en asumir.

En 1871 el Overland Monthly (don­de, muchos años después, aparecerían las primeras narraciones de Jack London) pu­blicó su novela inicial The Haunted Valley. Al cabo de poco Bierce se casó y dirigióse a Inglaterra; allí, por espacio de cuatro años, perteneció a la redacción londinense del Fun y colaboró en otras publicaciones in­glesas con bocetos humorísticos que reunió en tres tomos.

Vuelto a San Francisco en 1876 reanudó la colaboración en los perió­dicos, y, entre otras actividades, encargóse de una sección del Examiner, de W. R. Hearst. Muy pronto llegó a ser el escritor más importante del litoral oeste.

Sin em­bargo, Bierce no sentía gran afición al perio­dismo y procuraba amenizar su labor coti­diana escribiendo breves narraciones que en 1891 fueron reunidas en el tomo Cuentos de soldados y paisanos (v.). Su obra suce­siva, ¿Puede ocurrir esto? [Can such Things Be?, 1893], es una colección de cuentos ins­pirados en terrores de carácter sobrenatu­ral.

En 1896 pasó a las oficinas de Hearst en Washington, y llegó a corresponsal en esta ciudad del American de Nueva York. Publicó todavía Fábulas fantásticas (1899, v.), El diccionario del Diablo [The Devil’s Dictionary, 1906] y Opera Omnia [Coliected Works, 1909-12]; sin embargo, ninguna de estas obras mereció una gran acogida por parte del público.

En 1914 desapareció en México, donde había estallado la gue­rra civil; según parece, Bierce creía, y casi es­peraba, morir en uno u otro de los dos ban­dos contendientes, cual manifiestan sus Car­tas, donde con impaciente afán habla a los amigos acerca de esta muerte. El misterio de su fin no ha podido aclararse todavía, y sigue siendo uno de los pequeños enigmas de la historia de la literatura norteameri­cana.

L. R. Lind

Wilhelm Bilderduk

Nació el 7 de sep­tiembre de 1756 en Amsterdam y m. en Haar­lem el 18 de diciembre de 1831. Polígrafo holandés, poseyó ima vasta erudición y es­cribió mucho (más de 200.000 versos y unos treinta volúmenes de estudios eruditos).

Sin embargo, su ingenio fue poco profundo, y su poesía más llena de pasión que de arte. De niño sufrió un accidente, a consecuencia del cual cojeó todo el resto de su vida. En 1785 establecióse como abogado en La Haya, donde, ferviente orangista, participó en la política y trató de hallar el consuelo a sus infortunios matrimoniales en la elaboración, para él y los suyos, de un fantástico árbol genealógico según el cual resultaba descen­diente de Elius, el Caballero del Cisne.

Ello constituye el fondo de su bella romanza Elius (1788). Tras la revolución de 1795 mar­chó al destierro, y dirigióse a Londres, don­de sirvió al «Statolder»; luego se estableció en Brunswick (1797-1806). Sentía aversión a todo lo alemán, y regresó muy contento a su patria cuando el rey Luis Bonaparte, aun sabiéndole orangista, le nombró su pro­fesor de holandés.

En aquel tiempo (1806) escribió uno de los mejores de sus múlti­ples poemas didácticos: El mal de los doc­tos [De Ziekte der Geleerden], en el que trata del agotamiento nervioso; la obrita en cuestión, a pesar del carácter prosaico del tema, resulta agradable.

Siguieron más tarde (1809) los cinco primeros cantos (de los veinte proyectados) de la extensa epo­peya El fin del primer mundo [De ondergang der eerste Waereld], interpretación muy curiosa de un pasaje del Génesis, VI; 2-4.

La vuelta de los Orange en 1814 marcó para Bilderduk el principio de años más dichosos. El autor establecióse en Leyden como pro­fesor libre de historia nacional (1817-27), y fue muy admirado por sus discípulos, mu­chos de los cuales habrían de hallarse más tarde al frente del movimiento antirrevolucionario y ultracalvinista; la Historia de la patria (v.) constituye el fruto de sus ense­ñanzas. La influencia de Bilderduk sobre los crite­rios corrientes acerca de la lengua holan­desa fue muy grande; sin embargo, sus ideas a este respecto resultaban fantásticas.

A. H. Luijdjens