Libro De Agricultura, Abū ‘Abd Allāh Muhammad ibn al-Başşāl

Obra del geópono arabigoespañol Abū ‘Abd Allāh Muhammad ibn al-Başşāl (siglo XI), cuyo título completo es Kitāb al-qasd wa-l-bayān [Libro del propósito y de la demostración]. De ésta se sabía que existía una redacción compendiada en dieciséis capítulos, de los que hasta hace poco sólo conocíamos una versión castellana medieval, incompleta y anónima; pero recientemente se ha hallado el texto árabe de esa recensión menor. Comprende, como hemos dicho, dieciséis capítulos. Los tres primeros contienen una serie de indicaciones de tipo general acerca de las aguas (diferentes tipos, según sea su procedencia), de las diez clases de tierras y de las propiedades de cada una de ellas, .así como de los estiércoles; en cambio, el cuarto estudia los medios para conocer la bondad de una tierra determinada. Siguen cinco capítulos dedicados casi por completo a los árboles, en los que trata de los dis­tintos modos de plantar, de podar y de injertar; estudia a continuación el cultivo de las legumbres, de las hortalizas, de las plantas bulbosas y de las raíces comesti­bles, así como de las especias, de las ver­duras y de las plantas aromáticas. El último capítulo contiene noticias acerca de aguas, pozos, así como consejos de tipo práctico acerca de la conservación de los frutos y de otras cosas que le son indispensables conocer al agricultor. En la obra abundan las observaciones, los consejos y los datos dictados por la experiencia personal del autor. Edición del texto árabe y traducción castellana por José M.ª Millás Vallicrosa y Mohamed Aziman (Tetuán, 1955). La ver­sión castellana medieval fue publicada por el mismo Millás, en la revista «Al-Ándalus» (Madrid), XIII (1948), páginas 356-430.

D. Romano

El Libro de Annette, Wolfgang Goethe

[Das Buch Annette]. Colección de composiciones poéticas, en verso y prosa, de Wolfgang Goethe (1749- 1832). Van de 1765 hasta 1767 aproximada­mente. Representan sus primeras tentativas de lírica amorosa, pero aún no llevan la menor huella genuinamente personal. Reproducen motivos de moda en la época rococó, como el fauno y la ninfa, el joven astuto que vence los recelos de la virgen virtuosa, y así sucesivamente. Los cuadritos bien compuestos y la pulcritud y gracia del verso, la necesidad, de expresar «en las amables cancioncillas» la «propia alegría» y una .especie de goce entusiasta en dete­ner aquellos «días primaverales», que «no volverán nunca más», revelan sin embargo al poeta que va formándose en el imberbe Goethe. [Trad. española de Rafael Cansinos Assens, en Obras completas, tomo I (Ma­drid, 1950)].

G. F. Ajroldi

 

Libro de Ajedrez, Alfonso X

Este Libro del ajedrez y de otros juegos de dados y de tablas, de Alfonso X el rey Sabio (1252- 1284), es también traducción y arreglo de textos árabes. En Sevilla, y en 1283, se acabó su redacción. Es, sin duda, la obra más importante que de la Edad Media se nos ha conservado sobre tales juegos. Re­presenta en su materia un avance sobre algunos libros orientales y un paso para llegar al moderno ajedrez de problemas. Aparte del ajedrez corriente, que ocupa la mitad del manuscrito, éste contiene otros ajedreces: el «Gran Ajedrez», el «Ajedrez de las diez casas…». Sobre los juegos de dados se detiene también mucho. Algún eru­dito cree descubrir el juego de las damas en el llamado «alquerque de doce». Y hay, además, un «tablero de los escaques e de las tablas, , que se juega por astronomía». El códice nos presenta en miniaturas — más toscas que las de las Cantigas — todas las jugadas de que habla el texto, y siempre, a los lados del tablero, están las hieráticas figuras de los jugadores, entre los que pre­dominan los de tipo y traje orientales. «Porque toda manera de alegría quiso Dios que hubiesen los hombres en sí natural­mente porque pudiesen sufrir las cuitas y los trabajos cuando les viniesen, por ende los hombres buscaron muchas maneras por­que esta alegría pudiesen haber cumplida­mente».

C. Conde

Libritos De Versos, Teodor Llórente

[Llibrets de ver­sos]. Con este título fueron reunidos, en 1914, los dos libros de poemas en lengua catalana que el poeta y escritor valenciano Teodor Llórente (1836-1911) había publi­cado con el título de Llibret de versos [Librito de versos, 1884] y No libre de ver­sos [Nuevo librito de versos, 1902; 2.a edi­ción muy aumentada y precedida de un prólogo de Marcelino Menéndez Pelayo, 1909].

Estos Libritos traducen, con el ím­petu romántico propio de la época, la sen­cilla y candorosa espiritualidad del poeta, vinculada a los postulados de la tradición cristiana más genuina y conservadora. En ellos descubrimos dos vetas de inspiración: por una parte la de las composiciones de gran aparato retórico, vibrantes panegíricos de la tierra natal y la reivindicación de sus antiguas glorias, el himno entusiasta por la lengua nativa olvidada, la poetización de las múltiples circunstancias y solemnidades de la vida cultural y civil de Valencia, de la que era el poeta representativo y ofi­cial, etc.; por otra parte, la de las compo­siciones de tono intimista y sencillo, en las que la vida humilde y familiar, con su ejér­cito de dóciles y resignadas virtudes, las alegrías y tristezas de los pequeños, el amor conyugal, el tierno recuerdo de los hijos desaparecidos, las lágrimas de la viudez, el sacrificio sencillo y sublime por la patria, toda la noble poesía del deber cumplido sin afectación, las plurales situa­ciones de una vida patriarcal y cristiana, humilde y sincera, humana y bondadosa, encuentran un eco certero y eficaz. Por debajo de estas dos venas temáticas, cabe señalar la totalidad de presencia del paisaje valenciano, pródigo y luminoso, que cons­tituye la nota distintiva de su obra.

Sus grandes aciertos de poeta son «La barraca», descriptiva y noblemente retórica, que es, para Menéndez Pelayo, el «punto culmi­nante y supremo de su arte lírico», y «Bora el barranco deis Altadis», en la que es per­ceptible una alada síntesis de paisaje junto a una contenida nostalgia. Recordemos, finalmente, la fina «Canconeta amorosa», «La cangó deis teuladins», la amplia retórica de «Valencia y Barcelona», el «Cant darrer», etcétera. Llórente ejerció una influencia decisiva en el ambiente intelectual de la Valencia de la época, encaminándolo hacia las fórmulas del Romanticismo tradicional y cristiano, y constituye una de las figuras más importantes de la poesía catalana deci­monónica.

Libro de Ábaco, Leonardo Fibonacci

[Liber Abad]. Obra del matemático Leonardo Fibonacci (Leo­nardo Pisano), que vivió en la segunda mi­tad del siglo XII y en la primera del XIII, compilada en 1202 y ampliada en una se­gunda redacción en 1228.

Fibonacci, consi­derado como el primer algebrista — crono­lógicamente hablando — de Europa y como el introductor en ella del sistema numérico árabe, fue educado de niño en Argelia, donde su padre era funcionario de aduanas, y donde aprendió «el ábaco, al uso de los indios». Después tuvo manera, por razones de tipo comercial, de conocer todo lo que de esta ciencia se enseñaba en Egipto, en Siria, en Sicilia y en Provenza. Al material así reunido le dio un orden, una unidad de método y una claridad de enseñanza, en este Liber Abad que, como modelo de texto universitario, sirvió también, por su caudal de ejemplos, para la compilación de ma­nuales de aritmética para uso de los co­merciantes. La obra contiene quince capí­tulos; en el primero se expone la numera­ción de las nueve cifras que Fibonacci llama «indias» y que, en efecto, son diez, porque es necesario añadirles el cero «quod arabice zephirum apellatur»; en los capí­tulos siguientes Leonardo expone nociones suficientes sobre el cálculo digital, tablas de adición y multiplicación, mostrando su uso para realizar las cuatro operaciones con cifras de considerable extensión, y dan­do a conocer los criterios de divisibilidad por dos, por tres, hasta trece, reuniendo en tablitas a propósito los resultados de las divisiones por estos números de algunos enteros no superiores al 200.

En el sexto y el séptimo capítulos trata de las fraccio­nes, del concepto y las aplicaciones del mínimo común múltiplo y de una «tabula disgregationis» que, enseñando la descom­posición de buen número de fracciones or­dinarias en fundamentales, revela la persis­tencia de la logística egipcia. La segunda parte del libro, «Regla de Álgebra», con­tiene las fórmulas para reconocer las ecua­ciones de segundo grado, con las demostra­ciones según el modo antiguo, mediante construcciones geométricas, y numerosos problemas que se pueden resolver con ecua­ciones o con sistemas de ecuaciones reducibles a las de segundo grado. Este libro, que debe considerarse como uno de los más importantes de aquella época por la in­fluencia que tuvo sobre la entonces renacíente conciencia científica occidental, le procuró al autor vasta fama y llamó sobre él la atención del emperador Federico II, que le invitó a su corte.

A. Uccelli