Libro de Ábaco, Leonardo Fibonacci

[Liber Abad]. Obra del matemático Leonardo Fibonacci (Leo­nardo Pisano), que vivió en la segunda mi­tad del siglo XII y en la primera del XIII, compilada en 1202 y ampliada en una se­gunda redacción en 1228.

Fibonacci, consi­derado como el primer algebrista — crono­lógicamente hablando — de Europa y como el introductor en ella del sistema numérico árabe, fue educado de niño en Argelia, donde su padre era funcionario de aduanas, y donde aprendió «el ábaco, al uso de los indios». Después tuvo manera, por razones de tipo comercial, de conocer todo lo que de esta ciencia se enseñaba en Egipto, en Siria, en Sicilia y en Provenza. Al material así reunido le dio un orden, una unidad de método y una claridad de enseñanza, en este Liber Abad que, como modelo de texto universitario, sirvió también, por su caudal de ejemplos, para la compilación de ma­nuales de aritmética para uso de los co­merciantes. La obra contiene quince capí­tulos; en el primero se expone la numera­ción de las nueve cifras que Fibonacci llama «indias» y que, en efecto, son diez, porque es necesario añadirles el cero «quod arabice zephirum apellatur»; en los capí­tulos siguientes Leonardo expone nociones suficientes sobre el cálculo digital, tablas de adición y multiplicación, mostrando su uso para realizar las cuatro operaciones con cifras de considerable extensión, y dan­do a conocer los criterios de divisibilidad por dos, por tres, hasta trece, reuniendo en tablitas a propósito los resultados de las divisiones por estos números de algunos enteros no superiores al 200.

En el sexto y el séptimo capítulos trata de las fraccio­nes, del concepto y las aplicaciones del mínimo común múltiplo y de una «tabula disgregationis» que, enseñando la descom­posición de buen número de fracciones or­dinarias en fundamentales, revela la persis­tencia de la logística egipcia. La segunda parte del libro, «Regla de Álgebra», con­tiene las fórmulas para reconocer las ecua­ciones de segundo grado, con las demostra­ciones según el modo antiguo, mediante construcciones geométricas, y numerosos problemas que se pueden resolver con ecua­ciones o con sistemas de ecuaciones reducibles a las de segundo grado. Este libro, que debe considerarse como uno de los más importantes de aquella época por la in­fluencia que tuvo sobre la entonces renacíente conciencia científica occidental, le procuró al autor vasta fama y llamó sobre él la atención del emperador Federico II, que le invitó a su corte.

A. Uccelli