Movimientos Estelares, William Campbell

[Stellar Motions]. Obra del astrónomo norteamericano William Campbell (1862-1938), publicada en 1913. Comprende un curso de lecciones dado por Campbell sobre dicho tema en la Uni­versidad de Yale, en los Estados Unidos. El libro está dividido en ocho capítulos.

Em­pieza por describir los métodos espectroscópicos para la medición de la velocidad radial de los cuerpos celestes. Después de la introducción del análisis espectral y de la fotografía en el estudio de la astrofísica, Vogel había probado, en 1871, la posibili­dad de medir, mediante el principio de Doppler, la velocidad radial de las estrellas, es decir, la composición de su movimiento en dirección al rayo visual dirigido desde la Tierra al astro en observación. Dichas velocidades se miden con las fotografías de los espectros estelares y han abierto un rico campo de investigación en el que Campbell, director del Observatorio de Lick en el Monte Hamilton en California, fue uno de los investigadores más competen­tes. Las velocidades radiales de las estre­llas, que con las medidas con el espectró­grafo resultan en seguida de kilómetros por segundo, ofrecen quizás el mejor método para determinar la escala en que está cons­truido el sistema solar y, en primer lugar, la distancia astronómica Sol-Tierra; y si este método se combina luego con los mo­vimientos propios de las estrellas, deter­minados con otros métodos, nos da la es­cala del sistema estelar.

Por fin, con las velocidades radiales puede estudiarse la evolución de los sistemas de estrellas dobles, descubrir las que no pueden separarse vi­sualmente e investigar en general la evo­lución de las estrellas. Campbell trata pre­cisamente de los, métodos espectroscópicos para la medida de las velocidades radiales de los cuerpos celestes, cómo se miden so­bre sus espectros de diversos tipos, de los desplazamientos de las rayas de Fraunhofer, es decir, las rayas oscuras o lúcidas que se observan en los mismos espectros, y cómo de dichos desplazamientos se pasa a la velocidad gracias a la visual. Como sea que los movimientos de las estrellas son sistemáticos, puede deducirse que el Sol, con todo su sistema, está también en movi­miento con cierta velocidad y dirección. En el capítulo quinto, que trata en particu­lar de este problema, Campbell refiere los resultados de sus investigaciones sobre el movimiento solar deducido de más de mil velocidades radiales, que resulta en notable acuerdo con los deducidos antes y después de él mediante métodos análogos o méto­dos completamente distintos.

En la segunda parte del volumen, Campbell discute las relaciones entre velocidades radiales, tipos espectrales y distancias de las estrellas pa­sando luego a los sistemas de estrellas do­bles visuales y espectroscópicas; de estas últimas da una selección de todas las des­cubiertas hasta entonces. Termina el volu­men con el estudio espectroscópico de las variables de diversos tipos. La obra de Campbell es importante por ser de las primeras que exponen los métodos y los resultados obtenidos con el análisis espec­tral, que tantos progresos ha aportado para el conocimiento de los movimientos este­lares y de la estructura del universo.

G. Abetti

El Movimiento Poético Francés de 1867 a 1900, Catulle Mendès

[Le mouvement poétique français de 1867 à 1900]. Obra crítica de Catulle Mendès (1841-1907), publicada en 1903: está constituida en realidad por un «informe» al Ministro de Instrucción Pú­blica y Bellas Artes, un amplio diccionario bibliográfico y crítico, y una nomenclatura cronológica de la «mayor parte de los poe­tas franceses del siglo XIX».

La viva parti­cipación del autor en la literatura de su tiempo, con el grupo de los Parnasianos, y una continua y cordial amistad con los representantes de todas las escuelas poéti­cas, comunica agilidad a su tratado, y le da un tono narrativo y expositivo, más bien que crítico. Enlazando con otro «informe», el escrito por Gautier en 1867, Mendès valo­ra las actitudes de la poesía moderna y dis­tingue sus varias fases intentando compren­der el espíritu de los grandes líricos de principios de siglo. Bastaría por todos la figura de Baudelaire para indicar la razón de ser de una nueva era de la literatura. El crítico quiere razonar y distinguir, pre­firiendo la vida de la poesía a teorías y programas de escuela; y este razonamiento, característico en un viejo parnasiano, per­mite al escritor juzgar con bastante ecua­nimidad las diversas experiencias de poesía, hablando de la tendencia a «futurizar» («futuriser»: notable muestra de anticipa­ción con respecto a Marinetti y su movi­miento de un lustro más tarde) junto a la tendencia a «atesorar»; como es el caso, por ejemplo, de France, valorado como fino cincelador, en sus poesías y en sus prime­ras novelas.

Sus opiniones acerca de Ver­laine y Mallarmé, de Rimbaud y de La­forgue, así como sobre Corbière y Samain son, en general, notables porque se pro­ponen apreciar el aspecto humano de sus buceos en la poesía, dirigidos a no renegar la vida por las manifestaciones del arte. Pero si los simbolistas se equivocaron al creer que habían inventado el símbolo (del cual hay vivos testimonios en la poesía de todos los tiempos), otros, como los poetas «naturistas», afirman sin demasiada firmeza haber descubierto la naturaleza. Sea como fuere, concluye escépticamente el crítico, después del esplendor de los genios román­ticos, a los que se añadieron las glorias parnasianas, no ha surgido ningún poeta que sea digno del consenso universal. Esta obra señala y examina numerosas corrien­tes y grupos literarios hasta 1903, con algún apéndice añadido durante la impresión. Por esto aún hoy es interesante, tanto por sus juicios como por su recopilación de mate­riales para una nueva sistematización his­tórica de tendencias y de personalidades.

C. Cordié

Mou Lan T’seu, Anónimo

[Canto de Mou Lan]. Es una especie de balada épica, la obra maestra de la poesía popular que produjo la China septentrional, y la más bella ex­presión de su espíritu caballeresco. Fué escrita por un autor desconocido del si­glo IV d. de C. En sus orígenes, el Canto no debía ser más que un simple relato po­pular, que más tarde tomó la forma de poema narrativo.

La joven Mou Lan teje en el patio de su casa, y se desespera porque la tarde anterior su padre ha sido llamado al servicio de las armas y ella no tiene nin­gún hermano de edad suficiente para po­der reemplazarle, como permiten las cos­tumbres. Finalmente decide responder ella misma a las órdenes dadas: compra un ca­ballo, se viste con traje masculino y mar­cha hacia el frente. Aquella misma noche, en lugar de las palabras dulces a que está acostumbrada, escucha el ronco rumor del río Amarillo y el relinchar de los caballos enemigos. Pero Mou Lan se mantiene firme­mente en su lugar y combate con la bra­vura de un hombre. Al cabo de diez años de servicio militar, retorna a la villa im­perial y es recibida por el emperador, que le pregunta qué recompensa desearía reci­bir por los servicios prestados. Mou Lan responde que no desearía ni cargos ni dinero y sí tan sólo el poder regresar a su casa. Conocedores de la noticia de su vuel­ta, sus parientes salen a su encuentro: su hermana mayor ha vestido sus galas de fiesta; su hermano se prepara a degollar los cerdos y gansos para el banquete.

Ape­nas llega, Mou Lan marcha a su habitación y se despoja de sus vestidos de hombre, lava sus cabellos, arregla su rostro y vuelve a ser una bellísima joven. Sus compañeros de armas, que la han escoltado hasta allí y que nunca tuvieron sospecha de su sexo, quedan asombrados y manifiestan su admi­ración. Este corto poema, cuyo principal mérito es la simplicidad, añade a su carác­ter novelesco un sentido del detalle a la vez deliciosamente poético y acusadamente realista.

Mo Tzû, Mo Ti

[El libro del Maestro Mo]. Obra china de Mo Ti o Mo-tse (4799-381? a. de C.), fundador de la tercera escuela filosó­fica (y también científica) después del Taoísmo y el Confucionismo. Predica un amor universal condicionado por el pro­greso material. Como revelan las palabras de Mencio (v. Mêng Tsú) la doctrina de Mo Tzû tuvo en su tiempo una gran divul­gación y una estima universal.

Este libro, que se divide en 53 (originariamente 72) capítulos, parece ser una recopilación de los escritos de Mo Tzû y de los de sus segui­dores. Por lo general, en los libros chinos antiguos falta la exposición lógica de su contenido, y tienen la forma de diálogo o de mera descripción; el Mo Tzû es, en cam­bio, un libro sistemático, bien organizado. Al exponer sus doctrinas, Mo Tzû sigue siempre estos principios:

1) «Pen», o sea, «raíz»: esto es, la demostración de las doc­trinas debe ser hecha conforme a la vo­luntad de Dios, y a las obras realizadas por los sabios antiguos.

2) «Yüan», o sea, «origen», en que se afirman dos métodos, de deducción y de inducción; el primero con­siste en deducir según las enseñanzas de los sabios antiguos; el segundo consiste en inducir de la observación del pueblo.

3) «Yung», o sea, «aplicación», esto es, aplicar el fruto de los estudios a la política para el bienestar del pueblo, teniendo siempre en cuenta la voluntad celestial.

El amor universal es el núcleo de la doctrina de Mo Tzû, que se diferencia claramente de la doctrina egoística de Yang Chu (v. Lieh Tzû) y de la norma del confucionismo, que impone amar antes a los padres, y luego a los demás; es un amor que, basándose en una fe religiosa, abraza igualmente a todos y es parecido al amor cristiano, salvo que Mo Tzû tiende a justificarlo con elementos utilitarios. De manera que, los que desean la nobleza y la riqueza deben seguir la vo­luntad del cielo, esto es, amarse y ayudarse unos a otros: quien obra contra la voluntad del cielo tendrá su castigo; he aquí por qué los sabios emperadores Yü (hacia 2205 a. de C.), T’ang (hacia 1700 a. de C.), etc., han sido premiados, y los malos empera­dores han sido castigados. «Las normas para practicar la voluntad del cielo son: amar el reino de los demás como el nuestro; amar la familia de los demás como la pro­pia familia; amar el cuerpo de los demás como el propio cuerpo; así el mundo se hallará en orden y en justicia». La guerra es el acto más destructivo contra el amor universal, una contradicción de la razón.

Si quien roba fruta es considerado ladrón y es castigado por el gobierno, y, en cam­bio, quien saquea las ciudades y hace ma­tanzas en ellas es tenido por héroe y es alabado por todos, ¿qué podrá significar entonces la injusticia? Económicamente, la guerra trae grandes desastres: hambre, en­fermedad y muerte. Por lo tanto, el que construyese su propio país con la guerra sería el hombre más estúpido del mundo. Una vez, Mo Tzû, al enterarse de que el reino Ch’u quería atacar al Sung, corrió a introducirse entre los Ch’u para disua­dirles de su propósito; el rey de los Ch’u no quería escucharlo, pero, al fin, prometió retirar las tropas si Mo Tzü lograba aplacar las ansias bélicas de sus guerreros. Y Mo Tzû, después de haberlo conseguido, dijo: «Si ahora me matáis, no podréis vencer en la guerra porque hay más de treinta de mis discípulos que disponen ya de las má­quinas de mi invención para proteger el reino Sung». La templanza es el núcleo de su teoría económica.

Los vestidos sirven para -proteger del calor y del frío; las ca­sas para proteger del rocío y de la lluvia; y los manjares para proteger del hambre; el que desea algo más obra contra la tem­planza y el bienestar común. Por esto nues­tro filósofo se opone a la sepultura lujosa, que es generalmente una exageración de la piedad filial, y a la excesiva afición a la música (lo cual no significa destruirla). El amor universal de Mo Tzü no es una ignorancia de las relaciones humanas (entre padre e hijo, marido y mujer, etc.), como quiso sostener Mencio: es más bien un completo altruismo; y la voz del gran filó­sofo es una apelación nobilísima a la civi­lidad humana. Cfr. S. Cognetti de Martiis, Un socialista del siglo V a. de C.: Mih Teih, «Memorie Accad. Lincei, Cl. di Se. Morali» (1887); A. Forke, Mo ti des Sozialethikers und seiner Schüler philoso- phische Werke, «Mitteil. d. Seminars f. Orient. Sprachen» (Berlín, 1920); J. Legge, The Opinions of Mo Ti, en «Prolegomena a Men-tse, Chínese Classics», vol. I (Ox­ford, 1893).

P. Siao Sci-Yi

Moto Perpetuo, Niccolò Paganini

Composición para violín y orquesta, op. 11, más conocida en la transcripción para violín y piano, de Niccolò Paganini (1782-1840). Es quizás el fragmento más célebre escrito por el gran violinista genovés, uno de los preferidos por los concertistas por sus excepcionales cualidades, aptas para poner de relieve el virtuosismo del ejecutante. Formado por un «Allegro vivace» donde el ritmo se mantie­ne veloz desde el principio al fin, tiene una característica particular en la búsqueda algo barroca del efecto (baste pensar en la enorme dificultad de la ejecución), que, en su desarrollo, lleva al encadenamiento de modulaciones rebuscadas de tono próximo, para llegar a la última modulación en tono lejano, que surge inesperada y de impro­viso. Es éste un índice de la extremada in­ventiva de Paganini, aunque la expresión esté destinada a ser puramente externa.

P. Scazzoso