Composición para violín y orquesta, op. 11, más conocida en la transcripción para violín y piano, de Niccolò Paganini (1782-1840). Es quizás el fragmento más célebre escrito por el gran violinista genovés, uno de los preferidos por los concertistas por sus excepcionales cualidades, aptas para poner de relieve el virtuosismo del ejecutante. Formado por un «Allegro vivace» donde el ritmo se mantiene veloz desde el principio al fin, tiene una característica particular en la búsqueda algo barroca del efecto (baste pensar en la enorme dificultad de la ejecución), que, en su desarrollo, lleva al encadenamiento de modulaciones rebuscadas de tono próximo, para llegar a la última modulación en tono lejano, que surge inesperada y de improviso. Es éste un índice de la extremada inventiva de Paganini, aunque la expresión esté destinada a ser puramente externa.
P. Scazzoso

